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jueves, 11 de octubre de 2018

Cristiano es obligado a matar bebé como tortura en prisión

Sobrevivientes cristianos de campos de prisioneros de Corea del Norte describieron la agonizante tortura que sufrieron. Ellos revelaron que fueron forzados a entrar en minúsculas jaulas donde no podían acostarse o levantarse. También testificaron que los guardias forzaron a un prisionero a matar a un bebé.

Una mujer cristiana, conocida por el nombre de Hea Woo (nombre ficticio), dijo a las Puertas Abiertas de USA que su hija murió de hambre en 1997 en medio de la gran hambre de Corea del Norte.

Su marido más tarde huyó a China, donde se convirtió en cristiano, pero fue capturado y enviado a un campo de prisioneros norcoreano, donde murió.

Al igual que su marido, Woo también huyó a China, pero fue capturada y enviada de vuelta a Corea del Norte, donde fue inmediatamente colocada en un campo de prisioneros. Ella recordó de muchos relatos perturbadores y de torturas que fue sometida.

“Había diferentes sectores de trabajo dentro de la prisión”, dijo la mujer. “Algunos hacían agricultura, algunos hacían obras de construcción, otros hacían minería, hombres y mujeres eran separados, todos los internos parecían estar a punto de desmayarse, ellos estaban desesperados”, explicó.

“Además, estaban hambrientos. Una persona recibió un puñado de maíz podrido y no había nada más para comer. Teníamos algo aguado, pero no daba ni siquiera para una sopa. Lo conseguimos como alimento para todo el año. Nada más”, subrayó.

Los prisioneros no sólo estaban obligados a trabajar, tenían que trabajar en condiciones extremas, llevándolos a la muerte. “Había un grupo separado compuesto sólo de personas que intentaban escapar de la prisión. Aquellas personas tenían que llevar vasijas llenas de heces”, dijo ella.

“Los recipientes estaban hechos de madera gruesa, y eran tan pesados ​​que hasta dos personas tenían dificultades para cargar. Todos los días, independientemente del tiempo, a pesar de las fuertes lluvias y de las nevadas, no tenían permiso para hacer pausas. “Eso realmente amenazaba la vida con el olor de las heces y del aire venenoso”, describió.

Ella explicó que muchos murieron en la prisión, y todos estaban al borde de la muerte debido al hambre y maltrato por los guardias de la prisión. Woo todavía dijo que los prisioneros estaban con mucha hambre, pues apenas recibían cualquier cosa para comer.

“Cuando las vacas pasaban en la calle y defecaban, la gente buscaba granos de maíz en el excremento y los cogía para comer”, recuerda ella. Hannah, otra prisionera cristiana, dijo en el mismo artículo que los seguidores de Cristo fueron colocados en pequeñas jaulas y aislados de los demás, incapaces de levantarse o incluso de acostarse.

“Fuimos separados por sexo, mi hija y yo fuimos colocados en el ala femenina y mi marido e hijo, que era sólo un adolescente, en una celda con hombres, poco después de entrar en el campo, vimos a los guardias forzar a un prisionero a asesinar a un bebé” , recordó Hannah.

“Casi todos los días, todos éramos llamados a interrogatorios y preguntas, ellos nos golpeaban tan duramente. Cuando no había interrogatorio, necesitábamos arrodillarnos en nuestras celdas de las 5h a las 12h y no hablar”, recordó.

Woo añadió que la cosa más difícil para ella no era la brutalidad física, sino de no tener la libertad de orar a Dios. “No podíamos orar libremente, pero yo todavía oraba en mi corazón, cuando la gente dormía, me despertaba para orar, era tan lamentable que no tuviéramos la libertad de fe, yo realmente ansiaba la libertad”, dijo ella.

En los casos en que ella fue capaz de orar, Woo oró no sólo por sí misma, sino por toda la iglesia clandestina.

[ Fuente: Christian Post ]
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