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jueves, 11 de abril de 2019

abril 11, 2019

Obispo denunciado por violar durante dos años a una monja es llevado a los tribunales en un caso sin precedentes en la India

Este caso, sin precedentes en el país asiático, se produce días después de la decisión de la Iglesia católica de implementar una legislación más estricta en contra de los abusos sexuales.

Este martes en un tribunal de primera instancia de la ciudad de Pala, (Kerala, India) fueron presentadas acusaciones contra Franco Mulakkal, el obispo indio imputado por haber supuestamente violado e intimidado a una monja en repetidas ocasiones desde 2014.

La hoja de cargos comprende más de 2.000 páginas y acusaciones por confinamiento ilícito, violación, sexo no consentido, intimidación, entre otros delitos que se prolongaron durante dos años. Además, incluye las declaraciones de 83 testigos, entre ellos, un cardenal, tres obispos, 11 sacerdotes y 25 monjas. De ser declarado culpable, Mulakkal podría enfrentarse a una cadena perpetua o a una pena mínima de 10 años de prisión, detalla The Times of India.

De acuerdo con el grupo Save Our Sisters (Salven a nuestras hermanas), de la Iglesia católica de la India, conseguir llevar a juicio a un obispo basándose en "la queja de una monja subordinada a él" es un "raro incidente" que hará historia. 

Las acciones delictivas de Mulakkal fueron hechas públicas gracias a la acción de varias compañeras de la monja ─cuya identidad no se ha revelado─, que decidieron romper el silencio y realizaron una protesta de varios días frente al Tribunal Superior de Kochi en septiembre pasado. La iglesia involucrada se vio obligada a reconocer los hechos y el implicado fue arrestado, aunque quedó en libertad bajo fianza el 16 de octubre.

La víctima del presunto delito afirma que padeció varios abusos sexuales por parte de Mulakkal, el primero de los cuales se habría cometido en 2014. A pesar de que la monja denunció lo ocurrido por primera vez en enero del 2017, el cardenal indio George Alencherry le pidió no dar aviso a la Policía y los medios.

La decisión judicial de las autoridades indias en este caso sin precedentes en el país se produce días después de que la Iglesia católica implementara una legislación más estricta en contra del abuso sexual. Las nuevas leyes, aprobadas personalmente por el papa Francisco, obligan a las autoridades del Vaticano a denunciar "sin demora" los posibles casos de abuso sexual y estipulan la destitución inmediata de cualquiera de sus miembros que sea declarado culpable.

fuente: actualidad.rt.com






martes, 26 de febrero de 2019

febrero 26, 2019

Una monja en la India denuncia: “El obispo me violó”

Cuando el obispo Franco Mulakkal accedió a oficiar la ceremonia de Primera Comunión del hijo de Darly, un honor en la iglesia católica, la familia se sintió orgullosa.

Durante la ceremonia, Darly miró a su hermana, una monja, y la vió bañada en lágrimas —lágrimas de felicidad, supuso. No se enteró sino hasta después de la denuncia de su hermana, de que la noche anterior el obispo la llamó a su habitación y ahí la violó. La familia dice que fue el primer ataque en un infierno de dos años en los que el prelado la violó 13 veces.

El obispo, quien mantiene que es inocente, será acusado de violación e intimidación y enjuiciado, afirmaron las autoridades policiales que investigan el caso. Pero la Iglesia reconoció las acusaciones de la monja sólo después de que cinco de sus compañeras se rebelaran y la apoyaran públicamente para llamar la atención a su búsqueda de justicia de un año de duración.

“Solíamos ver a los padres de la iglesia como equivalentes a Dios, pero ya no”, afirmó Darly. “¿Cómo puedo contarle a mi hijo que la persona enseñándonos la diferencia entre el bien y el mal le dio su Primera Comunión después de cometer un pecado tan terrible?”.

El caso ocurrido en el estado sureño de Kerala, India, es parte de un problema mayor de la Iglesia que fue abordado por el Papa Francisco el 5 de febrero, después de décadas de silencio por parte del Vaticano. Reconoció que el abuso sexual de monjas a manos de clérigos es un problema persistente.

En una época en que pocas personas asisten a la iglesia en Occidente y parroquias y monasterios están cerrando en toda Europa y el Continente Americano, el Vaticano depende cada vez más de lugares como India para que la fe siga creciendo.

Pero el escándalo en Kerala está dividiendo a los católicos de India, que suman aproximadamente 20 millones. Y más monjas se han atrevido a denunciar actos de abuso sexual a manos de sacerdotes, dice la policía en el Estado de Kerala. Cuatro sacerdotes también han sido acusados de chantajear a mujeres durante la confesión, obligándolas a tener sexo.

“Si este caso prosigue será un nuevo comienzo, y los sacerdotes y obispos serán obligados a rendir cuentas”, dijo el padre Augustine Vattoly, un sacerdote en Kerala que apoyó las acusaciones de la monja y dijo que sus superiores le ordenaron que dejara el asunto.

“La Iglesia está perdiendo su autoridad moral”, dijo Vattoly. “Estamos perdiendo la fe de las personas. Si esto continúa, la Iglesia se convertirá en un lugar sin personas. Como en Europa, los jóvenes ya no vendrán aquí”.

Los detalles de las acusaciones de la monja provienen de funcionarios judiciales, su familia y las 5 religiosas que fueron testigo de la saga en la Iglesia Católica Siro-Malabar.

La familia de la monja acusa a Mulakkal, de 54 años, de haberla violado en repetidas ocasiones a lo largo de dos años, a partir del 5 de mayo de 2014. No se pudo contactar al obispo, pero funcionarios de la Iglesia dicen que insiste en que es inocente.

La monja, que pertenece a la orden religiosa Misioneras de Jesús, informó por primera vez a las autoridades eclesiásticas de los abusos en enero de 2017, contactando a obispos, un cardenal y a representantes del Vaticano. Algunos le aconsejaron que esperara, asegurándole que la Iglesia tomaría acción. Otros le prohibieron contactar a la policía, dijo su familia.

Pero la única acción se dio en septiembre pasado, después de que el silencio de la Iglesia motivara a otras cinco monjas a rebelarse y acudir al Tribunal Superior de Kerala para protestar durante varios días. Se sentaron frente a un gran póster con la imagen de La Piedad, la famosa escultura que representa a María sosteniendo en su regazo el cuerpo inerte de Jesús después de la crucifixión. En vez de Jesús, en la imagen estaba el cuerpo sin vida de una monja. Una pancarta rezaba: “Justicia para las monjas”.

Unas dos semanas después de que iniciaran las protestas, el Vaticano retiró a Mulakkal de sus deberes administrativos. Al siguiente día, el 21 de septiembre, la policía de Kerala lo arrestó.

Un policía de alto rango que investiga el caso dijo creer que las autoridades tenían suficiente evidencia para demostrar que Mulakkal había violado a la monja y luego intimidó a su familia y a las de las religiosas que participaron en la protesta. El policía habló con la condición del anonimato, pues el informe policíaco final será presentado más tarde este mes.

“Estamos destrozadas. La iglesia a la que le hemos dado nuestras vidas ni siquiera nos escucha”, dijo Anupama Kelamangalathuveli, una monja que prestó servicio con la denunciante. “Esta pelea no es sólo para nosotras”, agregó. “La Iglesia necesita escuchar a las mujeres y no sólo a los sacerdotes y obispos”.

La monja decidió llevar su caso directamente al Vaticano y le escribió al representante del Papa en la India, el Arzobispo Giambattista Diquattro. “Apenas llegué a la habitación, me jaló hacia él. Quedé estupefacta y aterrada por su acción. Hice todo lo posible por zafarme, pero fue en vano. Me violó de una manera brutal”, se lee en una carta que le escribió el 28 de enero de 2018.

En el curso de más de un año de esfuerzos por conseguir ayuda, ella les contó a otras cinco monjas que vivían con ella en el convento, St. Francis Mission Home, en la Kerala rural.

Las monjas dijeron que decidieron hacer pública la situación después de que el obispo Mulakkal las acusara de estar planeando su asesinato. La policía dijo que las acusaciones de él habían sido desestimadas.

“Hicimos un voto para ser una congregación, para que la congregación se convirtiera en nuestra familia”, dijo la hermana Josephine Villoonickal, una de las religiosas. “Ahora tratan de destruir esta familia”.

Fuente: The New York Times







sábado, 20 de mayo de 2017

mayo 20, 2017

“De haber sabido antes que la Iglesia es una mafia jamás hubiera sido monja”

“Una vez me pidió que la acompañara a una habitación de la parroquia donde se guardaban los instrumentos musicales. Entramos, cerró la puerta e intentó besarme. No supe cómo reaccionar. Entonces ella se puso mal y me dijo que le pasaban cosas conmigo, que se había enamorado. Al otro día me llamó para pedirme perdón. Después empezó a llamarme todos los días a mi casa, me obligaba a que le dijera que yo la amaba. Y al final un día, cuando nadie de mi familia estaba en casa, se metió y me esperó a que llegara del colegio. Ahí le pedí que se fuera pero ella empezó a conducirme hacia mi cuarto, con la decisión de tener relaciones”.

Quien habla es María Gracia Ramia Damario, tiene 24 años y vive en Salta. Los hechos que relata sucedieron hace poco más de diez años, cuando tenía 13. Alicia Pacheco, la exmonja a quien ella (exmonja también) acusa, en aquel entonces rondaba los 30.

Desde fines de 2016 Pacheco está detenida. Cayó presa en el marco de una causa que se abrió con una denuncia penal de María Gracia, presentada ante el Poder Juidicial al día siguiente de que la joven contara su historia en el canal TN. Una historia que, contada en su totalidad, ayuda a comprender un poco más cómo algunos mecanismos convertidos en ley en la Iglesia Católica no son más que la consecuencia lógica de un entramado de poder, dinero, política e impunidad.

Discípulos de Jesús

No fue casualidad que la monja abusadora Alicia Pacheco actuara impunemente contra la adolescente María Gracia. Por el contrario, desde la más alta jerarquía del Instituto Discípulos de Jesús de San Juan Bautista siempre se le dio luz verde a curas y monjas para que abusaran de menores y se sometiera a subalternas y subalternos a las más variadas situaciones de abuso.

De hecho el propio fundador del Instituto, Agustín Rosa, desde fines de 2016 está detenido con graves acusaciones de abusos sexuales, amenazas y otros delitos, incluyendo delitos económicos por el manejo de fondos de su empresa religiosa. La vida del carismático y “sanador” cura, de alto reconocimiento en la elite política y empresarial salteñas, dio un giro de 180 grados cuando dos exmiembros de su congregación los denunciaran penalmente a él y a su mano derecha, el cura Nicolás Parma.

                                                                  Agustín Rosa

María Gracia Ramia Damario, Valeria Zarsa y Yair Gyurkovitz son dos exmonjas y un exnovicio del Instituto fundado en 1996 por Rosa. Sus denuncias y testimonios destaparon una olla cuyo contenido tenía todos los ingredientes de una receta de terror: acosos, abusos y violaciones; reducción a la servidumbre, abuso de poder, extorsión, discriminación y hasta torturas. Ahora esperan que el coraje de haber traspasado la barrera del silencio y la humillación impuestos por una de las instituciones más poderosas de la historia de la humanidad sea recompensado con un poco de justicia y castigo a los culpables.

María Gracia le contó su historia a La Izquierda Diario, que a su vez le preguntó sobre aquello que prefieren eludir otros medios, comprometidos de alguna u otra forma con el Vaticano. Preguntas y rspuestas que enmarcan toda vivencia personal en una compleja trama de relaciones de poder y dominación.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...

Desde muy chica María Gracia (o Gracia, a secas) estaba convencida de que Dios la había elegido para seguir el camino religioso hasta el final y entregar su vida a la Iglesia Católica. Fue a los diez años, cuando recién mudada de Jujuy a Salta se sintió contagiada por el entusiasmo de su madre y se sumó a las actividades del Instituto fundado por Agustín Rosa.

“Lo conocimos a través de una amiga de mi mamá, que la convenció a ella a sumarse a la orden de laicos consagrados del Instituto. De a poco fui asistiendo a las misas (las de los miércoles eran ’de sanación’) y empecé a conocer a quienes trabajaban en la parroquia de la Santa Cruz y a participar de sus actividades”, recuerda Gracia. Y agrega un dato nada menor: “Mi madrina era una persona con mucha plata, por eso Rosa tenía hacia ella un afecto particular, ya que la llevaba a conocer los conventos y le hacía conocer sus planes, para que ella aporte sus donaciones”.

¿Y cómo conociste a la monja Alicia Pacheco?

- Fue cuando la trasladaron desde México, donde había trabajado en una fundación, y regresó a Salta a cumplir funciones de secretaria en la parroquia. Yo tendría 12 o 13 años más o menos y ella unos 30. De estar todo el tiempo ahí nos hicimos muy amigas y empezamos a compartir muchas cosas, al punto de que se generó una relación de dependencia de mí hacia ella. Era como mi referente, casi como una madre.

¿En qué circunstancias abusó de vos?

- Fue más o menos al año de conocernos. Un día me pidió que la acompañara a una habitación de la parroquia donde se guardaban los instrumentos musicales. Una vez adentro cerró la puerta e intentó besarme. Yo no supe cómo reaccionar y entonces ella se puso mal y me dijo que le estaban pasando cosas conmigo, que se había enamorado. Al otro día me llamó y me pidió perdón. Después la cosa se puso más complicada, porque empezó a llamarme todos los días a mi casa y me obligaba a que le dijera que yo la amaba. Hasta que un día me pidió que tengamos relaciones. Y finalmente un día que nadie de mi familia estaba en casa ella se metió y me esperó a que llegara del colegio. Yo le pedí que se fuera y ella empezó a conducirme a mi cuarto con la decisión de tener relaciones conmigo.

                                                                 Alicia Pacheco

¿En aquel momento pudiste hablarlo con alguien?


- En ese momento decidí no hablar, aunque sabía que las hermanas superioras y algunos sacerdotes con los que ella se confesaba sabían todo. No sé bien qué les decía, si era lo que ella decía sentir sobre su amor hacia mí o qué, pero ella me confirmó varias veces que lo sabían. Entonces yo me sentía muy culpable por la situación y prefería no hablar.

Después del episodio en mi casa la superiora del instituto, hermana María Luz, decidió sacarla de Salta y trasladarla al sur. Años después, cuando tomé la decisión de ser monja, me acerqué a hablar con la superiora y en medio de la conversación intenté hablar de aquella situación, incluso quería plantearle mi sentimiento de culpa por la posibilidad de haber provocado a Pacheco. Ahí ella, antes de que yo le expresara nada, me dijo que no me preocupara, que eso no tenía nada que ver con mi vocación y que Alicia era en definitiva la responsable.

¿Por qué te sentías culpable?

- Porque ella era la “consagrada”. Y para mí en ese momento los consagrados tenían un valor superior, eran como mi contacto directo con Dios. Por eso sentía que estaba arruinando una vocación, como si estuviera siéndole infiel a Dios. Recién cuando salí del Instituto, hace poco tiempo, empecé a elaborar todo esto desde otra perspectiva. Incluso antes no veía que lo que me había pasado era realmente una situación de abuso y por eso nunca había necesitado hacer una denuncia. Es más, consideraba que mi caso no era tan grave.

Gracia vivió en carne propia desde adolescente la culpa y el intento de justificación permanente de cuanto abuso sufrió. Al punto de considerarse ella misma responsable de casi todo. Pero ese calvario no era natural. Era la consecuencia directa de una operación institucional destinada a salvar a las “ovejas descarriadas” y mantener todo intramuros.

¿Qué pasó con Alicia Pacheco entonces?

- Para el momento en que abusó físicamente de mí a Pacheco ya le habían prohibido que me hablara y se acercara. Ella misma me lo decía. Por eso cuando se enteraron que se metió en mi casa le dijeron “o te vas del Instituto o no le hablás más”. Ahí me llamó para contarme y preguntarme si yo quería irme a vivir con ella. Obviamente le dije que no y se enojó. Después de eso la trasladaron al sur del país.

Ya fuera del Instituto, hace poco más de un año, me enteré por Valeria (que fue compañera del noviciado de Pacheco) que a ella también la acosó y que en México había tenido actitudes similares con otras mujeres de la congregación.

Así y todo pasó muchos años sin ser denunciada

- Sí. Hoy está detenida y es por mi denuncia de fines del año pasado. Al día siguiente de que me entrevistó el canal TN presenté la denuncia penal y dos semanas después la detuvieron en Güemes (Salta) donde vivía con su familia desde 2014 luego de irse del Instituto. La única denuncia contra ella la presenté yo, por hechos de hace más de diez años y sobre los que muchos sabían.

Tu experiencia con la Iglesia no terminó a los 13 años. A los 18 decidiste ser monja

- Sí. Yo ahora digo que aquella decisión habría sido otra si hubiera sabido un par de cosas. Recién ahora puedo decir que los años que pasé en el ministerio como monja fueron una tortura. Desde chica, todo el tiempo recibí de parte de ellos el mensaje de que Dios me había puesto ahí por algo. Hoy me doy cuenta de que en verdad no fue una decisión personal sino más bien algo impuesto durante años.

¿Cómo tomaste esa decisión?


- Después de lo que me pasó con Alicia Pacheco yo me preguntaba cómo podía ser que Dios me estuviera llamando a ser religiosa. Hablando con el Padre Josué (Sergio Salas) sobre lo que me había pasado (era uno de los confesores de ella) me dijo que en realidad Dios me había llamado desde siempre y que lo pasado no tenía que ver con mi vocación, que no me debía sentir culpable. Por eso decidí ingresar al ministerio, pensando en reparar los daños cometidos. Eso me llevó a pensar que debía bancarme lo que fuera.

¿Y ahí volviste a sufrir otros abusos?

- Sí, sobre todo situaciones de maltrato y abandono de persona. Por ejemplo, cuando me enfermaba ellos relacionaban todo con un problema espiritual, que no se solucionaba con médico y pastillas sino rezando, callando y “ofreciendo” más. De ahí que el exceso de trabajo para quienes estábamos en el noviciado era una obligación. Y si no aceptabas te respondían que no estabas “adhiriendo a la espiritualidad”, que no estabas siendo buena discípula de Jesús.

A sus órdenes, Señor Obispo

Ni los abusos sufridos a los 13 años, ni la culpa hecha carne y verbo, ni la impunidad de la Pacheco ni la semiesclavitud vivida ya siendo monja parecían alcanzar para aleccionar a Gracia. Así fue que un día, buscando alejarla lo más posible de Salta, la mandaron junto a otras dos monjas a Vic, España. La excusa era la apertura de una fundación, pero la verdadera labor encomendada sería muy diferente a la de servir a la comunidad.

- En 2013, después de recibir los hábitos me instalé en una capilla de Inés Indart, un pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Poco después me avisaron que se iba a abrir una fundación en España y que había sido designada para viajar. En noviembre me hicieron volver a Salta para salir desde allí. Yo lo único que sabía era que el obispo Román Casanova de Vic había pedido monjas argentinas y que yo estaba entre las elegidas.

Ya sobre la fecha del viaje me informaron lo que íbamos a hacer: servir al obispado, teniendo a cargo todas las actividades domésticas como cocinar, limpiar, lavar, planchar, atender las visitas. Todo con la promesa de que en algún momento íbamos a poder ir a una parroquia a ayudar en actividades con la gente.

                                                             Román Casanova

¿Todo eso fue organizado por Agustín Rosa?


- Sí. Aunque Monseñor Román Casanova no pertenecía a la misma congregación nuestro traslado fue canalizado por la Curia directamente. Sucedía que las monjas que quedaban en Vic eran muy mayores, ya no les servían, y Rosa ofreció mandarnos para allá.

A España viajamos con dos hermanas más que se quedaron conmigo y con las superioras María Luz y Teresita, que nos presentaron al obispo y a la semana regresaron. Algo que pensé en aquel momento era que mi traslado podía ser también para alejarme de la congregación. Alicia Pacheco seguía en la institución, sólo que estaba en una casa de clausura en el sur del país y suponía que podían estar trasladándome por si ella debía volver a Salta.

¿Cuánto tiempo estuviste en España


- Estuve un año haciendo esas tareas. Pero la situación se empezó a complicar bastante y me desgasté mucho, empecé a sentirme mal y con muchas ganas de irme. Ésa era la “fundación” a la que yo había sido enviada: trabajar para el obispo, depender de sus necesidades y estar a su servicio.

¿Cómo llegaste a “escaparte” y volver a Argentina?

- Para enero de 2015 estaba muy deprimida. En ese momento mi mamá viajó a España a visitar a mi hermano que vivía allá y aproveché para ir a verlos. Al mismo tiempo me comuniqué con Valeria, que aún estaba en el Instituto, y decidí escribirles un mail a las superioras contándoles la situación. Enseguida me respondieron diciéndome que, por mi estado, no era momento para andar tomando una decisión como la de irme. Pero no me daban ninguna solución concreta.

Aguanté tres meses más. Entre abril y mayo de 2015, por Facebook, un hermano que se había ido de la congregación me contó las situaciones de violencia vividas con Agustín Rosa, que se había enterado de otros dos casos de abuso y que Valeria acababa de escaparse del instituto. Entonces hablé con Valeria por teléfono y me contó todo lo que le había pasado.

Me tenía que ir yo también. Un domingo de mayo llamé a mi hermano para pedirle que me saque los pasajes del tren. Robé de una oficina mis documentos y otros papeles míos para evitar que me los quisieran retener si los pedía. Preparé mis cosas y a la noche les avisé a las hermanas que me iba al otro día. Me intentaron persuadir pero ya era tarde. Al otro día, con lo que tenía, me fui a la casa de mi hermano. Desde entonces no se volvieron a comunicar conmigo. En agosto me volví a Argentina.
 
El shock de la verdad

Hoy Gracia cuenta su propia historia casi como extrañada, como capítulos de una novela de terror a la que, inesperadamente, la llamaron a ser protagonista. Pero al mismo tiempo tiene los pies suficientemente sobre la tierra como para decodificar cada hecho del pasado a la luz de la verdad y sacar conclusiones incontrastables. Sobre todo, porque al decidir hacer público lo vivido en el riñón mismo de la Iglesia Católica empezó a encontrarse con muchas personas a las que les había sucedido, si no lo mismo, algo muy parecido.

- Yo, hasta que me fui, nunca había escuchado hablar de otros casos, aunque conozco a muchas de las víctimas que denunciaron a Rosa y al Instituto. Cuando decidí irme me puse en contacto con Valeria y ahí me enteré de muchos otros casos. Ella ya se había ido de la congregación y empezó a contactarse con otras víctimas que se habían ido en años anteriores. El shock fue total.

Fue como un efecto dominó


- Sí. Ya en Argentina nos encontramos con Valeria y me puso al tanto de todos los casos de abuso de los que se fue enterando. Y me contó a su vez lo que ella misma había sufrido con Alicia Pacheco. En Salta fueron apareciendo más casos que se contactaban con nosotros y para enero de 2016 apareció el caso de Yair, el menor que denunció judicialmente por primera vez a Agustín Rosa. Nosotros lo acompañamos a hacer esa denuncia.

Para entonces el Vaticano ya había intervenido el Instituto por denuncias internas, pero eso se manejaba en secreto. Paralelamente nos íbamos enterando de la cantidad de sacerdotes que sabían de esta situación en Salta.

¿Cómo respondió la jerarquía de la Iglesia?

- Valeria fue a hablar con Monseñor Mario Cargnello, el obispo de Salta. Y ahí él hizo como que se enteraba por primera vez de la existencia de esas “irregularidades”, como le dicen ellos. Pero nosotros sabemos que en 1996 y 2002 diferentes hermanos ya habían hablado con él sobre los abusos de Rosa en el Instituto. ¿Cómo no sabía nada ni se había enterado?

La respuesta de la jerarquía de la Iglesia es nula. Es “callate, no hables, hay que perdonar”. De hecho si no daba yo mi testimonio en TN no se movía nada en Salta. Yair, durante todo 2016, no recibió un llamado siquiera del juez o el fiscal, ni tampoco recibió nunca una citación Rosa, el acusado. Recién cuando yo salgo en esa entrevista producida por Myriam Lewin se empezó a mover el expediente e incluso la Curia empezó a verse “preocupada”.

Rosa tiene mucha “banca” en Salta. Sin ir más lejos es amigo de las familias del exgobernador Juan Carlos Romero y de actual vicegobernador Miguel Angel Isa

- Sí, claro. Acá siempre tuvo relación y amistad con los Romero, con los Isa y otras familias poderosas. En Buenos Aires era muy amigo de un alto funcionario de un banco importante. Y así conseguía dinero para él que, obviamente, no iba para las obras. De allí las causas judiciales que tiene por malversación de fondos y otras cuestiones. Por ejemplo organizaba eventos para recaudar fondos para alguna causa puntual y cuando esa plata se recaudaba aparecía un superior, se la llevaba y después decían que la habían tenido que gastar para otra cosa.

Sabemos que hubo gente que ha salido a defender a Rosa frente a las denuncias. De hecho a Valeria y a mí nos atacaron por las redes sociales y por Whatsapp, acusándonos de mentirosas y de que estamos endiabladas. Rosa en Salta tenía una imagen muy importante como cura sanador y nosotros mostramos esa otra cara, para nada amable. Pero mucha gente no nos quiere creer o se llaman a silencio, como la gente pudiente que era su amiga y aliada.

Incluso dicen que Rosa desprecia a los pobres

- Ni hablar. A mí Rosa siempre me había parecido una persona nefasta, así que lo que me enteré no me extrañó en sí mismo, ya que era alguien muy odioso. Él discriminaba a la gente pobre, se rodeaba sólo de gente adinerada e incluso en la congregación no se juntaba casi con la comunidad, ni siquiera comía con nosotros. De hecho vivía en una casa propia aparte. Sin embargo aún hoy hay personas que, ya alejadas del Instituto, siguen negando que lo que sufrieron fueron abusos y hasta lo siguen considerando como un padre.

                                                            Iglesia de la Santa Cruz

“Tolerancia cero”... con las víctimas


Agustín Rosa y su exmonja Alicia Pacheco integran la lista de religiosos que afrontan actualmente procesos judiciales por abusos sexuales contra niñas, niños, adolescentes y jóvenes. En el documental No Abusarás (el mandamiento negado en la Iglesia de Francisco), producido por este diario y el periodista Julián Maradeo, el caso es uno de los registrados por la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico.

De hecho Gracia mantiene desde hace tiempo contacto permanente con la Red y con su referente a nivel nacional, la platense Julieta Añazco.

- En el marco de nuestra búsqueda con Valeria tomamos contacto vía Facebook con Julieta y gracias a ella logramos contactar en Salta a quienes hoy son nuestras abogadas.

Los casos que van saliendo a la luz muestran el doble discurso de Bergoglio y la Iglesia, hablando de “tolerancia cero” con los pedófilos pero a su vez encubriéndolos

- Es una situación nefasta la que se vive. Te da la sensación de que estás luchando contra una mafia totalmente impune. Es que en la Iglesia la manipulación de conciencia es muy fuerte y justamente Bergoglio ha conseguido con su discurso ganarse un respeto de muchas personas y al mismo tiempo tapar, encubrir y mantener el sistema. Y cuando los casos salen por los medios enseguida se habla de una persecución contra los santos curas.

¿Y cuál es tu lucha hoy, en este contexto?

- Quiero que esto se acabe. Parte del animarme a hacerlo público fue justamente para darle un nombre y un rostro, de un caso real, para evidenciar que en la Iglesia pasan estas cosas y que la propia Iglesia lo fomenta.

En la propia doctrina de la Iglesia Católica se enseña a callar, a no hablar, a hacer la vista gorda. Mi lucha ahora es concientizar sobre lo que está pasando. Mi decisión de estar en la Iglesia hubiera sido totalmente diferente si hubiera sabido un par de cosas. Otra hubiera sido mi historia.

La Iglesia no es Dios, es una institución creada por personas y no tiene nada que ver con una creencia religiosa. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre. En la Iglesia se habla de pecados y no de delitos, por eso tanta perversidad puede desenvolverse de forma cómoda y natural.
 
                                                        Mirá el documental No Abusarás 


Fuente. laizquierdadiario.com

viernes, 3 de febrero de 2017

febrero 03, 2017

Una monja argentina dijo que la Virgen María y San José tenían sexo

Se trata de la religiosa Lucía Caram, quien reside en Barcelona. Sostuvo que las dos figuras del catolicismo tenían una relación de “pareja normal”. La reacción de la Iglesia

Un gran escándalo se generó en el seno de la Iglesia en España tras las polémicas declaraciones de una monja argentina en un programa de televisión. Se trata de la religiosa dominica Lucía Caram -recordada por sus fuertes críticas a la ex presidente Cristina Kirchner -quien ahora dijo que la Virgen María y San José tenían una relación de "pareja normal", que implicaba "tener sexo y tener una relación normal de pareja".

El pasado domingo, en el programa Chester in love, conducido por el periodista Risto Mejide, Caram aseguró que "la Iglesia durante mucho tiempo ha tenido muy mala relación" con el tema del sexo, y lo tuvo "un poco bajo la alfombra, y no era un tema tabú sino un tema que se consideraba sucio, oculto, y era la negación de lo que yo creo que es una bendición".

En el caso de la Virgen María, dijo que entiende "que realmente sea muy difícil de creer, de asumir, el tema de la virginidad de María, y encima a San José, para demostrar que no había nada, normalmente lo dibujan viejo y con barba". "Entonces era el abuelo que estaba con… yo creo que María estaba enamorada de José y yo creo que era una pareja normal", agregó , y precisó: "yo creo que lo normal, que era tener sexo y tener una relación normal de pareja".

Para Caram, la Iglesia debería "haber presentado a María y a José de otra manera, y entender que es una relación madura de amor que se abre a la vida y que es capaz de gestar y secundar un proyecto de liberación, de salvación". Sostuvo que es necesaria "una revolución y que empieza a haber una revolución (…) Porque las iglesias están vacías, el mensaje no tiene credibilidad".

Las reacciones de la Iglesia

Las declaraciones de Caram generaron un escándalo en España. En un comunicado, el Obispado de Vic desautorizó a Sor Lucía, y aunque no la nombró directamente, se refirió a ella como "una religiosa". Afirman que "desde sus inicios" siempre ha formado parte de la fe de la Iglesia la creencia de que "María siempre fue virgen y que esta verdad de fe fue recogida y proclamada por el Concilio II de Constantinopla, siendo el primer dogma mariano y compartido por los cristianos católicos y ortodoxos".

Sostuvieron que las declaraciones de la religiosa "no se ajustan a la fe de la Iglesia", lamentando "la confusión" que se haya podido crear "entre el pueblo fiel".

Por su parte, José María Gil Tamayo, secretario general de la Conferencia Episcopal, sí se refirió directamente a Caram en un mensaje publicado en su perfil de Twitter. "El Obispo de Vic lamenta las declaraciones de Sor Lucía Caram en un canal de TV y confusión producida en los fieles", escribió. En un breve diálogo con Infobae, la monja aseguró que aún no fue sancionada.

A su vez, las religiosas dominicas del Real Monasterio de Santo Domingo de Caleruega, condenaron las declaraciones y señalaron en su perfil de Facebook: "condenamos y rechazamos las palabras y el pésimo ejemplo de sor Lucía Caram de las cuales, nosotras, monjas Dominicas de la casa de Domingo de Guzmán, somos las primeras perjudicadas".

    Siento #dolor por mi Orden Dominicana, que tolera las herejías e improperios de Sor Lucía Caram. ¿Dónde está el Sucesor de Santo Domingo?

    — Nelson Medina (@fraynelson) 30 de enero de 2017

Fuente: infobae.com