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diciembre 14, 2017

Sólo podíamos hablar de Dios en las letrinas

“Un hombre de cuarenta años intentó huir de la cárcel, pero los guardias lo descubrieron y le metieron una bala en cada rodilla. Luego hicieron que el resto de presos diéramos vueltas a su alrededor para ver cómo se desangraba. A los dos días murió”.

Cuando eres cristiano y estás en la cárcel por serlo y ves escenas como ésta, te deben dar ganas de morirte. Y hasta de renegar de tu fe. Pero Hea Woo (nombre ficticio), evangélica norcoreana, menudita y pausada, de 75 años, aguantó el tirón viviendo durante años en diez cárceles.

Y no sólo eso, sino que hizo proselitismo, hablando de Dios a otros presos en el único lugar donde los guardianes comunistas apenas se atrevían a entrar, por razones obvias: las letrinas.

La suya es una historia de sacrificio y supervivencia, de desolación pero también de fe. Ahora está al frente de la Lista Mundial de Persecución de la fundación Puertas Abiertas y recorre Occidente contando su odisea y pidiendo a los cristianos que recen y se acuerden de sus hermanos en la fe que sufren persecución en Corea del Norte.

Cuando Woo recuerda su infancia, no puede olvidarse del colgante con una cruz que siempre llevaba su madre, pero no supo que era cristiana hasta que murió.

Corea había sido a principios del siglo XX un país muy cristiano. Llamaban a Pyongyang, la capital, la Jerusalen de Extremo Oriente. Había misiones católicas y pastores evangélicos. Pero todo eso se terminó con la llegada del comunismo, después de la II Guerra Mundial y la división del país en dos, que se enfrentaron en una guerra (1950-53) que oficialmente no ha terminado: se firmó el armisticio, pero no la paz.

“Por miedo, mi madre no nos pudo decir nada de Jesús”

Corea del Norte -bajo influencia de la China de Mao- se convirtió en un feroz régimen marxista donde se persigue a los cristianos. Y también en una dictadura dinástica (primero Kim Il-sung, al que sucedió en 1994, Kim Jong-il, y cuando éste falleció, en 2011, ocupó el “trono” su hijo Kim Jong-Un).

Tan sanguinario el régimen que los cristianos han ocultado la fe incluso a sus propios hijos. “Mi madre era cristiana, pero yo no lo sabía” cuenta Woo.

Y añade: “En Corea del Norte no sólo mataban a las personas que creían en Dios, sino también a sus familiares. Nos enseñan que los misioneros y religiosos son lobos con piel de cordero. Por miedo, mi madre no nos pudo decir nada de Jesús”.

Eso sí, su madre llevaba un colgante con una pequeña cruz. Woo lo recuerda vagamente -ella tendría 5 años- y también que le preguntó qué era aquello, pero la madre se asustó y lo escondió.

“Una noche me desperté -cuenta- y ví a mi madre cogiendo entre sus manos la cruz. Yo pensaba que era un poco rara, pero luego, pasados los años, até cabos y comprendí muchas cosas”.

Unos años después Woo se casó, pero su marido fue encarcelado al ser considerado un espía.

“Mi marido -cuenta- presenció cómo su abuelo moría por ser pastor evangélico a manos de unos soldados. Esta imagen le acompañó toda su vida. Por eso, él huyó a China y se convirtió en un líder en una iglesia de este país”.

Y añade: “Pero le denunciaron, fue capturado y acusado de ser un espía. Le torturaban todos los días y a pesar de que volvía a su celda destrozado, siempre andaba a gatas para hablarles al resto de los presos de Dios”.

Woo no puede ocultar la emoción al hablar de su marido. Por la gesta que realizó entre rejas:  “levantó una iglesia en la cárcel”.

En una de las visitas que los guardianes le dejaron a hacer a dos de sus hijos, el marido de Woo  “cogió la mano de mi hijo mayor y le escribió en la palma: Tenéis que creer en Jesús. Y añadió: es la única manera de sobrevivir. A Jesus no podrás ver con tus ojos, pero te aseguro que existe. Cada vez que quieras llorar, orar a Dios y Jesus te responderá. Y si muero antes de salir de la cárcel, tenéis que huir a China. Eso fue lo que les dijo. Se les quedó grabado para siempre.”

Unos meses después su esposo falleció y Woo decidió seguir su estela proclamando su fe.

Pero le perseguía la adversidad. “El año en que perdí a mi marido, también murió mi hija de 20 años, por hambre. En esos momentos, yo no sabía bien qué hacer, pero tenía claro que debía luchar por lo que había hecho mi marido. Por eso, huí a un pequeño pueblo de China. Allí podía oír un programa de radio que hablaba sobre los cristianos, aunque no podía ir a la iglesia”.

Durante su estancia en China, Woo fue capturada dos veces y vivió en más de 10 cárceles.

Su voz entrecortada muestra el dolor vivido durante este tiempo. “Éramos más de 200 personas en la cárcel. Hacíamos trabajos forzados durante todo el día. Y no teníamos esperanza de escapar”.

Huir equivalía a la muerte. En una de las cárceles por las que pasó había un cartel con esta inscripción: “No escapes. Si escapas morirás”.

La vida en los penales comunistas era extremadamente dura. Trabajos forzados, malos tratos y horrible comida. “Nos daban de comer un puñado de maíz cocido”.

“A pesar del hambre daba parte de mi comida a otros presos”

De hecho, algunos reclusos perecían por la suma de agotamiento físico y desnutrición. En eso, los campos chinos o coreanos no diferían en nada de los gulags soviéticos, de los que eran copias.

A pesar del fantasma del hambre, tomó más de una vez decisiones heroicas. Como darle parte de su exigua comida a otros presos. “Yo decidí dárselo al resto de presos. No soportaba ver como se desnutrían”. La mejor recompensa para Woo era ver su cara: “cuando les veía comer, mi corazón se alegraba”

Fue entonces cuando comenzó a hablar de Dios a otros reclusos“En las letrinas… porque era un lugar seguro donde los guardias no sospecharían por el mal olor”, detalla.

Pero no era sencillo burlar al desánimo, cada vez que veía morir a un recluso. Y las muertes eran frecuentes.

Por ejemplo:

“Nos daban de beber agua sucia. De hecho, enfermé durante unas semanas y estuve a punto de morir”.

Por no hablar del hambre  o del extenuamiento por los trabajos forzados. O de la falta de higiene, que se revelaba letal.

“Nos obligaban a machacar los cadáveres de los presos antes de incinerarlos”

Y lo peor no era ver morir a compañeros, sino hacer desaparecer a los cadáveres, que se acumulaban diariamente. Porque el método era especialmente cruel.

Woo se estremece al recordarlo: “Al haber tantas muertes, los guardias nos obligaban a los presos cargar con los fallecidos, en unas carretillas. hasta un monte donde los quemaban. Pero para quemarlos era preciso machacar previamente sus cuerpos. Y éramos nosotros, los presos, los que teníamos que machacarlos. Después de incinerarlos, las cenizas servían de abono para el campo”.

¿No se enfadó con Dios? Le preguntamos.

Woo asegura que no. “Sabía que podía morir en cualquier momento, pero Dios estaba conmigo pasara lo que pasara”.

Después de pasar por diez penales, Woo intentó la fuga. Sabía que le esperaban dos balazos en las rodillas, si la descubrían, pero se lo jugó el todo por el todo.

Tuvo una suerte enorme. Esperó “a que la salida, que era una puerta eléctrica, estuviera completamente abierta. Ese día, corrí hacia la puerta y me metí por la estrecha abertura. Cuando llegué a la carretera, no pare de correr. Tampoco quise mirar atrás. Estaba feliz de abandonar ese lugar tan espantoso”, cuenta.

De ese día ya han pasado más de siete años. Ahora vive en Corea del Sur junto a otros 25.000 refugiados norcoreanos.

Después de todo lo que ha visto y vivido, sorprende la tranquilidad que irradia esta mujer menuda. Parece que nunca hubiera salido de su casa y de una existencia rutinaria y tranquila.

Pero no pierde ocasión de pedir a los cristianos occidentales que recen por quienes viven atormentados en el Gulag coreano, sin esperanza de recuperar la libertad.

“Acordaros de aquella gente, perseguida por su fe” nos dice. Y añade “el dinero que ahorréis destinarlo a las personas que lo necesiten”.

Y una cosa más: “No tiréis comida”.  

fUENTE: ACTUALL.COM
julio 08, 2017

Apenas 30 personas asistieron a la marcha antiisraelí realizada en la puerta de la Embajada

Una convocatoria antiisraelí cuyo objetivo era apoyar a presos palestinos condenados por terrorismo fue realizada ayer frente a la Embajada del Estado judío en Buenos Aires. El evento, organizado por entidades de extrema izquierda y pro palestinas, contó con la presencia de alrededor de 30 personas.

Fuente: radiojai.com.ar
junio 17, 2016

Detienen en Cuba por orar por los presos

 Por: Jaime Leygonier.
Servicio CubaPress.

Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados…” Heb. 13:3
Cada año es mayor el despliegue de la policía política y sus paramilitares , en torno y dentro de la Iglesia Católica de la Virgen de la Merced, en la Habana Vieja; el 24 de septiembre, día de esta Santa Patrona de los Cautivos. Este año con una represión superior en toda Cuba, la represión no podía ser sino desmedida en torno a la misa en este templo colonial al que en ese día asisten las Damas de Blanco y muchos opositores y familiares de presos políticos y comunes; en un país donde la cifra de la población penal es ocultada por el Régimen y se calcula en el 1,5% de la población nacional.
La policía política, sin otra razón aparente que amedrentar, interceptó y retuvo en la vía pública, cuando salían del templo, a varios activistas de derechos Humanos, con noticias de que no menos de cinco sufrieron esa arbitrariedad el día 24, entre ellos: Pedro Moisés Calderón Tápanes, José Alberto Nimer Álvarez, y Roberto Sánchez Núñez. Cuando Calderón pregunto al agente “Eliécer”: ¿Por qué me pides el carnet de identidad si tu me conoces y sabes que vengo de la misa?”, el agente respondió: “Es rutina”.

En el Reparto Párraga en La Habana, la policía política visitó en sus hogares y citó para la estación policial del “El Capri” a varios miembros del Partido Popular “Joven Cuba” cuyo delito parece ser asistir en casa del matrimonio de Gladis Núñez y Silvio Herrera, periodista independiente, a reuniones en las que se oraba por la libertad de los presos políticos; reuniones que persiguieron hasta que desistieron de hacerlas. Uno de los participantes, vecino de Santos Suárez, citado para el 28 de septiembre, Fernando Rolando Pérez Pernas, declaró: “Es mi cuarta citación, esta por el Mayor “Omar” (muestra una citación ilegal a todas luces por el cuño borroso y la ausencia tanto de los apellidos del citador como del objeto de la citación) “Mi tercera citación ni siquiera supe con quien fue porque firmó con un garabato. ¿Que por qué me citan? Por orar por la libertad de los presos en casa de Silvio y Gladis “.

En Cuba orar por los presos en la intimidad de un hogar, o en el santuario de la subversiva Virgen de la Merced es asunto de su “rutina” de detenciones y amenazas.

Fuente: religionrevolucion.blogspot.com
junio 06, 2016

Más de 40 presos se bautizaron en recinto carcelario argentino

Los presos y los policías afirman que gracias a la evangelización la vida de todos ha cambiado en la seccional. “ Dejamos atrás nuestras culpas y nuestros pecados sumergiéndonos en el agua, y renacemos en Cristo”, dijeron.

De repente se inclinó, se tomó las piernas y comenzó a llorar. Sentado en la pequeña pileta de plástico, balbuceó algo que sonó a arrepentimiento. “Perdí todo y ahora quiero cambiar, recuperar a mi familia y mis hijos”, aseguró en medio de más de 40 presos que se apiñaron en los húmedos y escasos tres metros de ancho por trece de largo que tiene el penal de la comisaría 19ª. Dos pastores lo sumergieron en el agua y estallaron los aplausos.

Así, el lugar vivió ayer una jornada distinta, cuando 46 detenidos de los 60 que pueblan sus celdas se convirtieron al culto evangélico, una situación que ya se dio en otras seis comisarías de Rosario y que promete no detenerse.

La escenografía no resulta la más simpática. El penal es oscuro y por más que afuera el sol se empeñe en salir, a las cuatro de la tarde parece de madrugada.

Al fondo, un paño blanco con la inscripción “Yahue Sebaot” (“el Señor de los ejércitos”, según traduce alguien) cierra el cuadro. El ambiente está impregnado de humedad, es angosto y largo. En el medio, una pequeña pileta de plástico sirve para efectuar los bautismos. Y al lado, parados sobre una especie de gran banco de cemento, los detenidos aplauden, se abrazan, cantan.

Uno a uno los bautizados son sumergidos en el agua, no sin antes lanzar una promesa al aire. “Voy a cambiar”, dice uno. “Quiero abrir el corazón a Cristo”, admite otro.

Detrás de las rejas, un policía se aferra a una Itaka y confiesa su punto de vista. “Esto es como tirar algo en un pozo ciego. Yo sé por qué te lo digo”, dice mirando el ritual bautismal y deja abierta la interpretación de sus palabras.

Inés, en tanto, espía por detrás de los periodistas que se apiñan para intentar ver algo de la ceremonia y después se retira unos metros mientras se seca las lágrimas.

Su hijo, Rodrigo Benítez, es uno de los que está bautizando a los detenidos. El muchacho tiene 27 años y purgó condenas en la cárcel de Coronda y en la propia comisaría 19ª, de donde salió en libertad hace tres años. “Cristo lo cambió. Antes estaba muy mal y cayó preso, pero ahora es otra persona”, asegura la mujer con orgullo.

Unos minutos después, Mario, un detenido de 39 años, también cuenta su historia. “Mi vida fue un desastre. Estuve 13 años en Coronda, me evadí de varios penales, pero ahora estoy aquí y siento que puedo cambiar. Cristo te cambia”, asegura y se abraza con un compañero.

Un policía ratifica sus palabras. “La verdad que Mario es uno de los que organizó todo esto”, admite y remarca que en el penal “nunca hay problemas de conducta”, sino todo lo contrario, los detenidos “son muy aplicados”.

La 19ª es la séptima comisaría de Rosario que se “convirtió al culto evangélico”. Y la conversión, según explica el pastor Eduardo Rivello, forma parte del programa “Misión a la libertad”, que tiene por objetivo “llevar la palabra de Cristo a los penales”.

Los aplausos vuelven a apoderase de la escena. Otro preso acaba de bautizarse y es hora de celebrar. “Somos más que vencedores en el nombre de Jesús”, cantan los internos. Afuera el sol brilla con fuerza y se cuela por entre las rejas que dan al patio. Parece festejar una jornada distinta en la 19ª.

Fuente: La Capital
mayo 08, 2016

Primera ceremonia evangelista en cárcel de máxima seguridad

Participaron presos de distintas unidades, concurrieron familiares y pastores. Un coro de internos cantó alabanzas.

Por primera vez se realizó una ceremonia evangelista en la Unidad Penitenciaria 29 de Melchor Romero. Participaron veinte internos, sus familiares, un coro conformado por presos de la Unidad 25 “Cristo, la Única Esperanza” de Olmos, pastores y autoridades del Ministerio de Justicia y del Servicio Penitenciario Bonaerense.

“El objetivo de este encuentro es generar un nuevo espacio religioso y espiritual para los detenidos que profesan la religión evangelista.

Esta iniciativa servirá en dos sentidos: para estimular valores en pos de la resocialización de los internos y para que instituciones se integren al trabajo que se realiza en las dependencias carcelarias”, expresó el Director de la Unidad 29, Javier Ciancio.

Uno de los internos evangelistas, Jorge (26), detenido por robo calificado y que está desde hace seis meses en la Unidad 29, dijo que “por intermedio de otras personas conocí la palabra de Dios, muchas veces quisieron de mil maneras traerme al camino del Señor, y yo por mi rebeldía decía que no, y acá me dieron la oportunidad de conseguir esa paz y tranquilidad que sólo Dios puede brindar”.

A partir de este acto los pastores visitarán dos veces por semana, los jueves y viernes, al pabellón evangelista.

Compartirán enseñanzas bíblicas y llevarán a cabo ceremonias con cantos y alabanzas.

Ariel, es un preso que es pastor y líder espiritual en la Unidad 29, dijo: “Ingresé al mundo de Dios gracias a un jefe penitenciario a cargo de la Unidad 25. Y la verdad es que mi vida cambió en forma radical. Yo participaba activamente en motines y era un referente pero de los hechos violentos. Pero Dios me cambió la vida, y lo noto en el trato que tengo con las autoridades de los penales y con mis compañeros”.

Esta iniciativa fue organizada por las autoridades de la Unidad 29 de Melchor Romero, bajo la coordinación de la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del Servicio Penitenciario Bonaerense.

La Unidad se encuentra ubicada en la Calle 520 entre 179 y 183 de la localidad de Melchor Romero.

Fuente: DiarioHoy
marzo 10, 2016

Publicación de fotos de una militar Israelí junto a presos palestinos causa ofensa

El ejército israelí, denunció en un comunicado, “el comportamiento vergonzoso de la soldado” y precisó que ésta terminó su servicio militar hace un año y Eden Abargil, no puede ser sancionada, ya que ha concluido su servicio.

Las fotografías de una soldado israelí, que posa sonriente junto a presos maniatados y con los ojos vendados, provocaron una vergüenza en el ejército israelí y la cólera de los palestinos, ante la incomprensión de la protagonista, que aseguró no entender a qué viene tanto alboroto.

Eden Abargil, justificó a una radio militar: “no comprendo qué es lo que he hecho mal. Por mi parte no ha habido violencia ni menosprecio, no he atentado contra nadie”, y que ya terminó su servicio obligatorio.

Abargil, publicó sus fotos junto a los detenidos que debía custodiar en su página de Facebook, y la televisión pública israelí las difundió anoche tituladas: “El ejército, la mejor época de mi vida”.

El ejército israelí, denunció en un comunicado, “el comportamiento vergonzoso de la soldado” y precisó que ésta terminó su servicio militar hace un año y Eden Abargil, no puede ser sancionada, ya que ha concluido su servicio.

Ghasan Jatib, portavoz de la Autoridad Palestina, expresó que las imágenes, ilustran cómo se está corrompiendo a los israelíes. “Esto muestra la mentalidad del ocupante, orgulloso de humillar a los palestinos”.

Y que “nada en el mundo puede justificar esta humillación, que forma parte de las prácticas diarias de la ocupación de Israel”, denunció el portavoz aunque ya las fotos fueron retiradas de Facebook, pero se encuentran muy fácilmente en internet.

“No hablé con los palestinos; les di de beber y comer, y no les dije que estaban siendo fotografiados”, explicó Abargil, alegando que las fotos fueron tomadas en el 2008 en una base “cerca de Gaza”, sin especificar más, aunque no estaba claro si los palestinos fueron detenidos por razones de seguridad, o porque estaban intentando trabajar ilegalmente en Israel.

“Fui fotografiada de manera inocente e ingenua, sin ninguna intención política. No hubo violencia, se trataba sólo de la buena experiencia que es estar en el ejército, eso es todo”, dijo la ex soldado.

F: AFP

Foto: Eden Abargil La militar publicó fotografías en Facebook, donde aparece junto a prisioneros palestinos con las manos atadas y los ojos vendados.