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octubre 18, 2020

La locura de la predicación

El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios... Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen... Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana... Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse, más bien, estando entre ustedes, no saber de alguna cosa, excepto de Jesucristo y de éste crucificado (1 Cor 1:18-2:2).

La predicación, en su sentido bíblico y teológico, es mucho más que sólo la entrega semanal de una homilía religiosa, con todo respeto por la importancia del sermón. Es más que una conferencia teológica o una charla sicológica o social. Es aún más que un estudio bíblico, elemento esencial de toda la vida cristiana. Entonces, ¿En qué consiste la esencia y el sentido de la predicación? El griego del NT emplea básicamente tres términos para la predicación.

Proclamar

El más común es kêrussô (proclamar), y su forma substantivada, kêrugma, ambos derivados de kêrux (heraldo; cf. 1 Tm 2:7; 2 Tm 1:11; 2 P 2:5). En el vocabulario teológico moderno se ha creado también el adjetivo "kerigmático", lo que tiene que ver con la proclamación del kêrugma. Otros conjuntos semánticos son euaggelizô (anunciar buenas nuevas), junto con euaggelion (evangelio) y euaggelistês (evangelista) y kataggellô (anunciar) también de la raíz aggelô (llevar una noticia; Jn 20:18) y aggelos (ángel, mensajero). En todos esos vocablos se destaca el sentido de proclamar una noticia o entregar un mensaje.

La predicación no consiste esencialmente en comunicar nuevas ideas sino en narrar de nuevo una historia, la de la gracia de Dios en nuestra salvación, y esperar que por esa historia Dios vuelva a hablar y a actuar.

Predicación y Reino de Dios

Al estudiar los aspectos y dimensiones de esta tarea kerigmática, nada mejor que comenzar donde comienza el NT. Juan el Bautista vino predicando en el desierto, "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca" (Mt 3:1), y Jesús llegó con el idéntico mensaje, según Mt 4:17 (cf. Mr 1.14-15).

Jesús comisionó a los doce a proclamar el mismo mensaje (Mt 10:7; Lc 9:2). Más adelante el primer evangelista, escribiendo para los judíos, describe el ministerio de Jesús con las palabras, "Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando (didaskôn) en las sinagogas, anunciando (kêrussôn) el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad" (Mt 9:35; Lc 8:1; cf. 4:43). Según Lucas, el Cristo Resucitado también enseñó a los discípulos durante cuarenta días "acerca del reino de Dios" (Hch 1:3) y de la misión de proclamar ese reino hasta lo último de la tierra, hasta su venida (1:1-11).

El tema central de los tres primeros evangelios es la llegada del reino de Dios, que con seguridad refleja el mensaje original de Jesús. Muy relacionado con el tema del reino, Jesús proclamó también la libertad y la igualdad del Jubileo (Lc 4:18-19; cf. 7:22).

Aunque el tema del reino es menos presente en Pablo y en el cuatro evangelio, por las nuevas circunstancias culturales y políticas de su misión, sigue siendo muy importante (cf. Jn 3:3,5; 18:36). La labor misionera de Pablo se describe como "andar predicando el reino de Dios" (Hch 20:25), y en la fase final de su misión, ya como preso en Roma, Pablo "predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo" (Hch 28:31). Es más, Jesús mismo, en su sermón profético, anuncia que "este evangelio del reino se predicará en todo el mundo" hasta el fin de la historia (Mt 24:14).

La expectativa del reino mesiánico pertenecía hacía siglos a la tradición judía; lo novedoso del evangelio del reino consistía en anunciar su inmediata cercanía (Mt 3:1; 4:17). Para Jesús, el reino no sólo está cerca sino que, en su persona, el reino se ha hecho presente (Mt 12:28; Lc 4:21; 11:20). Los apóstoles también proclamaban que los tiempos del reino habían llegado (Hch 2:16; 1 Cor 10:11; 1 Jn 2:18). Por eso, predicar es "decir la hora" para anunciar que el reino de Dios ha llegado ya. La predicación es la proclamación de este hecho para interpretar bajo esta nueva luz el pasado, el presente y el futuro. "La predicación pone siempre en presencia de un hecho que plantea una cuestión" (Léon Dufour 1973:711). Esta nueva realidad exige una respuesta específica: arrepentimiento, fe y la búsqueda del reino de Dios y su justicia (Mat 6:33), o en una palabra, la conversión.

En conclusión: la proclamación del reino es parte central de la predicación, y también, la predicación es parte esencial de la dinámica del reino y un agente importante de su realización. Como señala González Nuñez, "La palabra de Dios es poder activo en la historia. Pero, además, ejerce en el mundo actividad creadora, empujando todas las cosas hacia su respectiva plenitud. Visto al trasluz de la palabra, el mundo se hace transparente... Creadora en el mundo, salvadora en la historia, la palabra de Dios es una especie de sustento, necesario para que la vida lo sea plenamente " (Floristán 1983:678). La palabra creativa de la predicación va acompañando la marcha del reino de Dios.

Predicación y Evangelio

Si bien el tema "reino de Dios" predomina en los evangelios sinópticos, en las epístolas paulinas, por razones relacionadas con su misión, apenas se menciona el reino y son muy típicas las frases "el evangelio" y "predicar el evangelio". Sin embargo, las epístolas de Pablo, por lo menos la mayoría de ellas cuya paternidad paulina no es cuestionada, son anteriores cronológicamente a los evangelios sinópticos. En ese sentido, la enseñanza del reino antecede a las epístolas (por venir del tiempo de Jesús) y a la vez es posterior a ellas (por la fecha en que fueron redactados los sinópticos). Eso refuta la tesis de que la iglesia había abandonado, o disminuido casi totalmente, el tema del reino y lo había sustituido con "el evangelio".

"Reino" y "evangelio" son dos lados de la misma moneda. La proclamación de las buenas nuevas de salvación es esencial a la tarea de predicación, tan urgente que Pablo una vez exclamó, "¡Ay de mí si no predico el evangelio!" (1 Cor 9:16). Más adelante en la misma epístola, Pablo define "el evangelio que les prediqué", y que él había recibido, como el mensaje de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús (1 Cor 15:1-4). El anhelo de toda la vida de Pablo fue el de "proclamar el evangelio donde Cristo no sea conocido" (Rom 15:20). Toda predicadora fiel puede afirmar con Pablo, sin titubeos, "no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen" (Rom 1:16).

La predicación evangélica es en primer lugar "predicar a Jesucristo" y "el evangelio de Jesucristo" (Hch 20:24; 2 Cor 4:5; cf. 11:4), como Hijo de Dios (1 Cor 1:19; Hch 9:20), crucificado (1 Cor 1:23; Gal 3:1) y resucitado (1 Cor 15:11-12; Hch 17:18). En Gálatas 3:1, Pablo describe su predicación como si fuera dibujar el rostro de Cristo ante los ojos de los oyentes (kat' ofthalmous Iêsous Jristos proegrafê estaurômenos). En algunos pasajes se llama "el evangelio de Dios" (1 Ts 2:9; 2 Cor 11:7) o "el evangelio de la gracia de Dios" (Hch 20:24). Con una terminología levemente distinta, se llama también "el mensaje de la fe" (Rom 10:8; cf. Gal 1:23) o "el mensaje de la cruz" (1 Cor 1:18). En Efesios 2:17, Pablo describe a Cristo mismo como predicador del Shalom de Dios (cf. Hch 10:36). En conjunto, estos textos nos dan el cuadro de un evangelio integral en la predicación.

 Predicación y Palabra de Dios

Esa relación dinámica entre la proclamación y el evangelio del reino implica también la relación inseparable entre la predicación y la Palabra de Dios. Por eso, se repite a menudo que los apóstoles y los primeros creyentes "predicaban la palabra de Dios" (Hch 8:25 13:5; 15:36; 17:13), o sinónimamente, "la palabra de evangelio" (1 P 1:25) o "la palabra de verdad" (2 Tm 2:15). Otras veces se dice lo mismo con sólo "predicar la palabra" (Hch 8:4). El encargo de los siervos y las siervas del Señor es, "predique la palabra" (2 Tm 4:2), lo cual es mucho más que sólo pronunciar sermones.

La frase "palabra de Dios" tiene diversos significados en las escrituras y en la historia de la teología. La palabra de Dios por excelencia es el Verbo encarnado (Jn 1:1-18; Heb 1:2; Apoc 19:13, Cristo es ho logos tou theou).

En las escrituras tenemos la palabra de Dios escrita, que da testimonio al Verbo encarnado (Jn 5:39). Pero la palabra proclamada, en predicación o en testimonio, se llama también "palabra de Dios", donde no se refiere ni a Jesucristo ni a las escrituras (Hch 4:31; 6:7; 8:14,25; 15:35-36; 16:32; 17:13; cf. Lc 10.16). Cristo es la máxima y perfecta revelación de Dios, quien después de hablarnos por diversos medios, "en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo" (Heb 1:1-2, elalêsen hêmin en huiô, "nos habló en Hijo").

El lenguaje supremo de Dios es "en Hijo" y las escrituras son el testimonio inspirado de esa revelación, definitivamente normativas para toda proclamación de Cristo. Pero esa proclamación oral es también "palabra de Dios", según el uso bíblico de esa frase.

Esta comprensión de las tres modalidades de la palabra de Dios, y por ende de la predicación como palabra de Dios cuando es fiel a las escrituras, fue expresada en lenguaje muy enfático por Martín Lutero y reiterado con igual énfasis por Karl Barth (KB 1/1 107; 1/2 743,751). Según la Confesión Helvética de 1563, "la predicación de la palabra de Dios es palabra de Dios" (praedicatio verbi Dei est verbum Dei). Lutero se atrevió a afirmar que cuando el predicar proclama fielmente la palabra de Dios, "su boca es la boca de Cristo". Karl Barth hace suya esta teología de la predicación, para afirmar que la predicación es en primer término una acción de Dios (1/2 751) en la que es Dios mismo, y sólo Dios, quien habla (1/2 884).

Para muchas personas, que suelen entender "palabra de Dios" como sólo la Biblia, este descubrimiento tiene implicaciones revolucionarias para la manera de entender la predicación. Por un lado, magnifica infinitamente la dignidad del púlpito y el privilegio de ser portador de la palabra divino. También aumenta infinitamente nuestra expectativa de lo que Dios puede hacer por medio de su palabra, a pesar de nuestra debilidad e insuficiencia. Es una vocación demasiada alta y honrosa para cualquier ser humano. Así entendido, el carácter de la predicación como palabra de Dios nos dignifica y nos humilla a la vez.

Aquí vale para nuestra predicación la doble consigna de la Reforma de tota scriptura y sola scriptura. Pablo nos da el ejemplo de proclamar "todo el consejo de Dios" (Hch 20:20,27; Col 1:2), sin quitarle nada, y tampoco añadirle "nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron..." (Hch 26:22).

Quitamos de las escrituras cuando sólo predicamos sobre ciertos temas o de ciertos libros y pasajes de nuestra preferencia. En ese sentido, predicar desde el calendario litúrgico tiene dos grandes ventajas: obliga al predicador a exponer toda la amplísima gama de enseñanza bíblico, y liga la predicación con la historia de la salvación (no sólo navidad y semana santa, sino ascensión, domingo de Pentecostés, etc.). Pero esa práctica no debe desplazar la predicación expositiva de libros enteros, teniendo cuidado de incluir en la enseñanza los diferentes estratos y géneros de la literatura bíblica.

Aún mayor es la tentación en la predicación de añadir al texto, como si él no fuera suficiente. Un sermón fiel a la Palabra de Dios parte del texto bíblico y no sale de él sino profundiza en su mensaje hasta el Amén final (Hch 2:14-36; 8:35). Muchos predicadores se dedican más bien a sacar inferencias del texto, que aún cuando fueren totalmente válidas lógicamente, no son bíblicas y puede hasta contradecir el sentido del texto.

Una ensalada de consejos vagos, sugerencias abstractas y exhortaciones muy generales, aunque vengan maquillados con textos bíblicos, no es un sermón, mucho menos palabra de Dios. El sermón no debe ser una simple antología de ilustraciones, anécdotas y ex abruptos sensacionalistas. El sermón tampoco es el lugar para ventilar las opiniones personales del predicador, que no surgen de la palabra de Dios ni se fundamentan en ella. En la predicación contemporánea priva un "opinionismo" que raya con el sacrilegio.

El humor debe tener su debido lugar en la predicación (la Biblia misma es una fuente rica de humor), pero siempre en función del texto y no como fin en si mismo. El humor debe iluminar el mensaje del texto. Jugar con la palabra de Dios es pecado, como lo es también volverla aburrida. Los predicadores tienen que saber moverse entre la frivolidad por un lado, y la rutina seca y el aburrimiento por otro lado. La jocosidad frívola puede ayudar para el "éxito" del sermón y la popularidad del predicador, pero será un obstáculo que impida la eficacia del sermón como palabra de Dios.

Hay dos peligros que evitar en la predicación: la frivolidad, y el aburrimiento. La predicación es una tarea bíblica, es decir, exegética y hermenéutica. Bien ha dicho Bernard Ramm (1976:8) que la primera preocupación del predicador no debe ser homilética (¿Cómo predico un buen sermón?) sino hermenéutica (¿Cómo oigo la palabra de Dios, y la hago oír?). Antes del sermón el predicador se encuentra con Dios en y por el texto, luchando con Dios y el texto hasta recibir de Dios una palabra viva que sea a la vez fiel y contextual.

Al presentarse ante la comunidad, plasma ese encuentro en un sermón para compartir ese encuentro con los demás y buscar juntos la presencia del Señor y escuchar juntos su voz. La única meta del sermón, la mayor responsabilidad del predicador y el criterio exclusivo del resultado de la predicación, todos responden a la pregunta central, si se proclamó fielmente la palabra de Dios.

El predicador no predica para complacer a los oyentes, para manipular sus emociones ni para lograr cambios religiosos y morales en ellos. Su tarea es proclamar la palabra de Dios; no predica buscando esa transformación sino esperándola como resultado indirecto por la obra del Espíritu Santo. Mucho menos debe predicar con la motivación de lograr éxito y fama como orador o erudito bíblico.

Atreverse a predicar como Dios quiere, es un acto de amor, de humildad y de abnegación. William Willimon ha señalado que el verdadero predicador tiene que amar más a Dios que a su congregación. Es una gran tentación para el predicador buscar en su ministerio la realización de sus propios intereses y metas. La predicación fiel comienza en el corazón del predicador. Es un corazón con un supremo amor a Dios y su palabra, aun más que a la congregación y mucho más que a sí mismo.

Peligros de la falsa predicación

Pasa con la predicación igual que con la profecía: la predicación fiel siempre va acompañada por la predicación falsa, que busca complacer a la gente, se dirige por las expectativas del público y les enseña a decir "Señor, Señor" pero no a hacer la voluntad del Padre celestial (Mt 7:21-23). Por eso, la iglesia debe vigilar su púlpito con todo celo en el Espíritu. No debe dejar a cualquiera que "habla lindo" ocupar ese lugar sagrado sino sólo a los que se han demostrado maduros, bien centrados en la Palabra y consecuentes en sus vidas.

No cabe duda que el descuido en este aspecto ha producido desviaciones y aberraciones en las últimas décadas, produciendo daños muy serios en la iglesia. Es urgente también ir enseñando a las congregaciones lo que bíblicamente deben esperar de un predicador y de un sermón.

Mucho del desorden de las últimas décadas se debe a la gran falta de discernimiento de los mismos oyentes. A pesar del exagerado número de horas que pasan escuchando sermones, en general no se logra una adecuada formación bíblica y teológica para discriminar entre predicación fiel y predicación "bonita", conmovedora o sensacionalista pero no bíblica.

Hace años el destacado orador evangélico, Cecilio Arrastía -¡un verdadero modelo de predicador fiel!- hablaba de la congregación como comunidad hermenéutica en que todos sepan interpretar la palabra y distinguir entre lo bueno y lo malo en la predicación (1 Ts 5:21; Hch 17:11; 1 Cor 14:29).

¡Imploremos al Espíritu de Dios que unja a nuestros predicadores y congregaciones con amor a la palabra y discernimiento acertado ante estos abusos!

La próxima semana veremos la relación de la predicación con el Espíritu de Dios, los sacramentos, el culto y como voz profética.

BIBLIOGRAFÍA

Barth, Karl, La proclamación del evangelio (Salamanca: Sígueme, 1969).

Fee, Gordon D. y Douglas Fee, La lectura eficaz de la Biblia (Miami: Editorial Vida, 1985)

Floristán, Casiano y Juan José Tamayo ed., Conceptos fundamentales de pastoral (Madrid: Cristiandad 1983), "Kerygma" 542-549; "Predicación", 817-830.

Léon-Dufour, Léon-Dufour Xavier, Vocabulario de teología bíblica (Barcelona: Herder 1973) Sacramentum Mundi, Karl Rahner ed (Barcelona: Herder 1984) 4:193-199, "Kerygma"; 5:147-159, "Palabra; Palabra de Dios" y 5:535-542, "Predicación".

Ramm, Bernard, The Witness of the Spirit (Grand Rapids: Eerdmans, 1959).

Ramm, Bernard, La revelación especial y la palabra de Dios (BsAs: Aurora, 1967)

Ramm, Bernard, "Interpretación bíblica" en Diccionario de Teología Práctica, Rodolfo G. Turnbull ed. (Grand Rapids: T.E.L.L., 1976), pp. 5-19.

Stam, Juan, Apocalipsis y profecía (Bs.As.: Kairos 1998, pp. 26-50; 2004:33-64).

Stam, Juan, Haciendo teología en América Latina, Tomo II (San José: Ubila, 2005), pp. 379-389.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Bene studere - La locura de la predicación


septiembre 28, 2017

5 maneras de conocer la Voluntad de Dios

Hay por lo menos cinco maneras en las que puedes discernir la voluntad de Dios:

Primera: El apóstol Pablo escribió a los Efesios que oraba de manera muy concreta por ellos: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor” (Efesios 1:17). No lo hubiera dicho a menos de que efectivamente fuera posible obtener sabiduría y percepción espiritual por medio de la oración. Por lo tanto, la búsqueda de la voluntad de Dios debe comenzar postrado de rodillas. Él te encontrará allí.

Segundo, debes examinar las Escrituras y buscar los principios que se relacionan con el asunto que necesitas resolver. El Señor nunca te pedirá que hagas algo moralmente incorrecto o en contradicción con su Palabra. Si la alternativa que estás considerando va en contra del concepto que encuentras en la Biblia, olvídala.

Tercero, es útil buscar consejo de personas espiritualmente maduras y firmes en la fe. Un pastor o consejero consagrado pueden ayudarte a evitar los errores comunes con los que muchas personas se confunden.

Cuarto, debes prestar atención a lo que se conoce como “circunstancias providenciales”. Con frecuencia, el Señor nos habla por medio de las puertas que se abren o se cierran. Cuando encuentras barreras en todas las direcciones, impidiendo tu avance, tal vez conviene considerar la posibilidad de que Dios tenga otros planes para ti. No estoy sugiriendo que abandones ante el primer obstáculo, sino que estés atento a lo que Dios ya está haciendo a tu alrededor.

En quinto lugar, no hagas nada de manera impulsiva. Dale a Dios la oportunidad de hablarte mientras te concentras en los cuatro enfoques anteriores.

Además de estos cinco pasos para conocer la voluntad de Dios en un tema específico, es fácil saber cuál es su voluntad /general/ para cada uno de nosotros. Las Escrituras dan a todos los creyentes el mismo encargo, conocido como la gran comisión. La encontramos en las palabras de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura” (Marcos 16:15). En todo lo que hagas, ya seas dentista, conductor de camión, artista, vendedor de automóviles o ama de casa, tienes el privilegio de aprovechar tu posición como una plataforma para dar testimonio del Salvador.

Por: James Dobson
julio 13, 2017

¿Cómo se interpreta la Torá?

Nuestros sabios nos dicen que la Torá se puede interpretar de cuatro maneras generales: peshat, remez, drush y sod.

La Torá es la sabiduría de Dios. El intelecto, por su propia naturaleza, permite —y demanda, por supuesto— diferentes formas de entendimiento, en especial cuando se trata de abordar la infinita sabiduría del Dios infinito.

Nuestros sabios nos dicen que la Torá se puede interpretar de cuatro maneras generales: peshat, remez, drush y sod.

1) Peshat es la interpretación simple de la Torá. Cuando el versículo (Bereshit 1:1) dice que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, quiere decir exactamente lo que dice, en sentido literal.

2) Remez es el conjunto de pistas y alusiones contenidas en la Torá. Una de las metodologías que emplea la Torá para elaborar estas pistas es la gematría, el valor numérico que tienen las letras del alfabeto hebreo. Por ejemplo, la gematría de “Bereshit bará” (“En el principio creó”) es la misma que la de “b'Rosh Hashaná nivrá ha'olam” (¡“El mundo fue creado en Rosh Hashaná”!).

Tanto Bereshit bará como b'Rosh Hashaná nivrá ha'olam suman 1116.

3) El Drush (o Midrash) explica el significado más profundo del versículo. La palabra hebrea para “En el comienzo” es bereshit. El Midrash nos dice que esta palabra se puede separar en dos: b-reshit. La Torá nos dice que el mundo fue creado por dos (“b”) “reshit”s (“primeros”): los judíos y la Torá. Aunque esta no es la interpretación simple de la palabra, es una forma verdadera y válida de entender la Torá.

4) Sod (secreto) es la parte mística, esotérica de la Torá. El Tikunei Zohar —un libro que da setenta (!) explicaciones esotéricas diferentes para la palabra bereshit— explica que esta palabra también se puede separar en “bara shis”: “creado (con) seis”. Esto es porque el mundo fue creado gracias a los seis poderes emocionales de Dios: la bondad, la severidad, la belleza, la victoria, el esplendor y el fundamento.

Dentro de estos cuatro métodos para entender la Torá, existen innumerables caminos posibles de entendimiento. Por ejemplo: según el peshat, hay muchas maneras diferentes de entender la Torá. Es por eso que hay tantos comentaristas de la Torá que se centran en él—Rashi, Ibn Ezra, Rashbam y muchos más— y con frecuencia (pareciera que casi siempre…) están en desacuerdo en lo que respecta al significado literal de un versículo. De hecho, según las enseñanzas cabalísticas, ¡hay 600.000 maneras de entender el peshat, 600.000 maneras de entender el remez, 600.000 maneras de entender el drash y 600.000 maneras de entender el sod!

Toda perspectiva sobre la Torá es aceptable en la medida en que no contradiga ninguna de nuestras creencias fundamentales (y en la medida en que tenga sentido).

Nuestros sabios nos dicen que “cualquier jidush” (idea innovadora) que se le pueda ocurrir a un discípulo respetable ya le fue dada a Moshé en el Sinaí. “Moshé pudo no haber escuchado la idea específica que acaba de pensar un rabino miles de años después, pero los fundamentos de esta idea le fueron dados en el Sinaí”.

Dios nos dio las herramientas para hurgar en las palabras de la Torá y revelar la sabiduría divina que se esconde en su interior.

Cuando se trata de la halajá, sin embargo, hay una única verdad; porque mientras que la Torá es la sabiduría de Dios, que, como ya mencionamos, da lugar a diferentes opiniones, la halajá no es el intelecto, sino más bien la voluntad de Dios. Y la voluntad es absoluta, y no admite dos maneras de ver las cosas.

Fuente: Jabad
julio 12, 2017

¿Puede uno realmente perder una madre?

 Mi primer Día de la Madre sin mi madre

Hace nueve meses perdí a mi querida madre.

Pero, mientras escribo estas palabras, me pregunto: ¿Puede uno realmente perder una madre?

Por supuesto que no. Pero sí perdí el sonido de la voz de mi madre cuando yo entraba a la habitación y escuchaba su alegría mientras gritaba mi nombre. Perdí el contacto con sus manos cuando agarraba las mías. Perdí a la única persona en el mundo a la que llamaría día o noche, sin importar la hora. Ella era feliz de quitar carga de mis hombros. “No te preocupes, sheifala, todo estará bien. Yo estoy rezando por ti”. En mi corazón, yo sabía que mi madre estaba sacando su libro de Salmos y lavando sus frágiles paginas con lágrimas. Por mí. Me llenaba una abrumadora sensación de que me aman y se preocupan por mí.

Y ahora he quedado sola forcejeando con vacío. Hay veces en las que levanto el teléfono por hábito y sólo escucho el tono de marcado sonando en mi oído. Me olvido que no puedo hacer esa llamada. Busco su sabiduría pero en lugar de eso debo confiar en las palabras de mi madre de los días pasados. Lucho para recordarlo todo. Intento ferozmente aferrarme a nuestros chistes internos, nuestras miradas de comprensión. Cierro mis ojos y viajo a mis días pasados, cuando tenía a mi madre en este mundo.

Cada viernes por la noche, la silla vacía es un duro recordatorio de todo aquello que he perdido. Me gustaría poder inclinar mi cabeza y sentir las manos de mi madre sobre mí mientras susurra sus bendiciones de Shabat una vez más. Pero la noche pasa y en el lugar de mi madre está el sonido del silencio.

Recuerdo ese último Shabat, cuando mi madre se sentía demasiado enferma como para venir a mi casa. Mi nieto de dos años preguntó: “¿Dónde está Buba?”.

“Buba no se siente muy bien”, respondí. “No creo que Buba venga hoy”.

Sus ojos empezaron a humedecerse. “¡Yo quiero a Buba!”.

Lo vi correr a la ventana y levantar las cortinas. Sus labios haciendo puchero, él tenía cara de determinación. Se volteó hacia mí mientras sostenía la punta de la tela. “Quizás Buba va a venir. Voy a mirar por esta ventana”.

Esperamos y esperamos, pero no iba a ocurrir.

Desearía.

Desearía que hubiésemos sabido que nuestro tiempo juntas se iba a acabar. Desearía haber hecho más preguntas. Haber aprendido más. Haber escuchado más.

Uno de aquellos últimos días terribles en el hospital, cuando sabíamos que el momento de decir adiós se estaba acercando, cada uno de nosotros tuvo unos momentos para hablar en privado.

Los ojos de mi madre se abrieron. Yo sabía que aunque mi madre no pudiera hablar, ella sabía exactamente lo que estaba pasando. Había una luz de entendimiento que brillaba.

Me incliné y tomé la mano de mi madre.

Le agradecí a mi querida madre por darme la vida. Intenté expresar mi gratitud por el coraje, la visión y la resistencia de mi madre, y por mantener la antorcha de la fe encendida dentro de nosotros. Los muchos sacrificios por nuestro pueblo que ella arraigó en nuestros corazones. Y los innumerables sacrificios que ella hizo por nosotros, sus hijos. El camino que ella tan valientemente forjó para que nosotros la siguiéramos. Le agradecí por darnos el regalo de la memoria, misión y legado.

    Si tienes la bendición de tener a tu madre en este mundo, tómate un momento y expresa tu gratitud.

Los pasos de mi madre nunca podrán ser borrados por el tiempo. Su amor ha sido imbuido en las moléculas de este universo. Nosotros respiramos su amor cada día. Es un amor de madre que no puede ser duplicado; un amor singular que nutre el alma.

Los ojos de mi madre brillaron. ¿Cómo se dice adiós? Tomé un pañuelo de papel y sequé sus mejillas cuando dos lágrimas corrieron por su cara. En ese momento sentí que estaba tocando la santidad; ardientes lagrimas de fuego directo del alma.

Si tienes la bendición de tener a tu madre en este mundo, tomate un momento y expresa tu gratitud. Las palabras desde el corazón pueden ser difíciles de articular, pero siempre atesorarás ese momento. Es un salto gigante de amor. Vale la pena hacerlo.

Y si tu madre ha regresado su alma al cielo, tienes que saber, como yo lo sé, que tu madre es tu madre para siempre. Ella te está cuidando, rezando por ti y preocupándose por ti. Ten consuelo en saber que no estás solo.

Con eterna gratitud a mi querida madre, Rebetzin Esther Jungreis, que su memoria sea para bendición.

Fuente: Aish Latino
enero 06, 2017

¿Qué significa el número 666?

“Aquí hay sabiduría, El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de un hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis”. Apocalipsis 13:18
La Biblia enseña que el anticristo tomará el control económico, social, y religioso de todo el mundo. Todas las personas lo adorarán y recibirán una marca en sus manos o en sus frentes con el fin de comprar o vender. Los que se niegan a tomar la marca serán perseguidos y eliminados.

Vamos a ver el significado del número 666

El 666, es el número del nombre de la bestia escrito en el libro de Apocalipsis. Simboliza la perfección del sistema global del hombre que está separado de Dios y bajo la influencia constante de satanás el diablo.

El sistema del hombre en la tierra se compone en tres partes, cada una representada por un máximo de seis. Seis representa, por sí mismo, incompleto o imperfección, ya que es uno menos de siete (que es el número de la integridad).

Muchas veces, los números que se mencionan en la Biblia son simbólicos. El número 7 comunica la idea de plenitud o perfección. Y el número 6 —que antecede al 7— representa algo incompleto o imperfecto desde la perspectiva divina y suele estar vinculado a los enemigos de Dios (1 Crónicas 20:6; Daniel 3:1).

Número de Hombre

    Si 6 es número de perfección humana, entonces 666 es la trinidad de la perfección humana; la perfección de la imperfección; la culminación de la soberbia humana en independencia de Dios y en oposición a Cristo.
    El triple seis marca la culminación de la oposición del hombre a Dios en la persona del anticristo.
    666 era el símbolo secreto de los antiguos misterios paganos relacionados con la adoración al diablo.

Datos impresionantes

    El imperio Asirio duró 666 años antes de ser conquistado por Babilonia.
    Jerusalén fue pisoteada por el Imperio Romano exactamente 666 años desde el año 31 a. C. hasta la conquista sarracena en el 636 d. C.
    Hay en la Biblia tres hombres que están declarados enemigos de Dios y de su pueblo. Cada uno de ellos está marcado con el número 666.

        Goliat, tenía una estatura de seis codos, tenía una armadura de seis piezas de oro, el peso de la punta de su lanza era de 600 siclos de hierro(1 Samuel 17: 4 – 7).
        La estatua que Nabucodonosor creó tenía 60 codos de altura y 6 codos de anchura, la cual debería ser adorada cuando se oyera la música de 6 instrumentos. (Daniel 3: 1)
         El último adversario especial es el ANTICRISTO cuyo número es 666 (Apocalipsis 13:18).

    En Goliat vemos un seis conectado con la soberbia del poder carnal.
    En el segundo tenemos dos seis conectados con la soberbia del dominio absoluto.
    En el tercero tenemos tres seis conectados con la soberbia de la conducción satánica y la adoración global.
    A Salomón le eran traídos 666 talentos de oro, esto nos habla de la perfección del poder monetario. Vanidad y aflicción de espíritu Eclesiastés 2:8-11.
    Los hijos de Adonicam que volvieron del cautiverio eran 666 Esdras 2:13. Adonicam = el señor del enemigo.


Fuente. tiemposprofeticos.org
septiembre 24, 2016

Fue abandonada por sus familiares en la calle hasta morir. Unos extraños le salvaron la vida

Historias como esta nos hacen volver a tener fe en la humanidad.

Por lo general, en la cultura india los familiares de ancianos deben hacerse cargo de ellos cuando ya ni pueden valerse por sí mismos, pero esta historia no le hace mucha justicia a aquella tradición. A pesar de que los mayores en India son considerados personas de gran sabiduría y estima, la familia de esta mujer no valoró su vida para nada. La abandonaron en medio de la carretera a su suerte, hasta que muriera.
Ocurrió en Khargone, ahí fue encontrada a un costado de la carretera en condiciones deplorables, después de haber sido abandonada por su propia familia hasta el día de su muerte. Increíblemente desnutrida y sucia, un extraño la vio y se acercó a ella.

El extraño documentó a través de fotografías las condiciones de la anciana y las publicó en Facebook. Mientras tanto, se dio cuenta que estaba llamado a hacerse cargo de ella.

Escribió en su publicación de Facebook:

    “Recientemente experimenté una situación mientras viajaba de Khargone a Madhya Pradesh.

    Vi a esta anciana acostada cerca del Hospital del distrito de Govt en una terrible situación. En un principio, dudé en ayudarla, pensando que quizás tenía una enfermedad mental, pero no me pude resistir al verla en esas condiciones y fui a hablar con ella: Amma kya hua kuchh madat karu? khana laau? Ella se dio cuenta de mi presencia y le compré un poco de comida”.

    “Hice lo mismo esa tarde, preocupado sobre qué le habría pasado cuando volviera de mi trabajo después de dos días.
    En ese momento, experimenté algo. Dos jóvenes se acercaron a mi diciendo que ellos también querían ayudar a la señora, pero no sabían cómo. Ellos dijeron que sus familiares la habían abandonado para morir y me sugirieron ir a preguntar a una ONG o un hogar de ancianos por ayuda.
    Decidimos solucionar la situación, en vez de dejar morir a la anciana en la calle”.

    “El 6 de septiembre contactamos a Amarjeet SinghSudan ji, un conocido trabajador social en Indore y nos pidió detalles y fotos para poder ir a buscar ayuda a una ONG.
    En la tarde, nos confirmó que había una cama arreglada en Ujjain y que necesitábamos una carta de la policía para la aprobación.

    Mientras tanto, el mensaje se propagó por los medios como el fuego, y muchas personas comenzaron a buscar ayuda.

    Tan rápido como encontramos un colector en Khargone, el Sr. Verma, inemdiatamente llamó a la CMHO y otras autoridades para ayudar a la anciana. Fue admitida en el hospital, y la administración nos dijo que una vez se recuperara, iba a ser transferida a un hogar de ancianos. Todo esto sucedió en un período de 12 horas.
    Y ahí fue cuando me di cuenta de que siempre se trata de dar el primer paso. Siempre hay alguien a quien ayudar, sólo debes dar el primer paso para iniciar el cambio”.

Una maravillosa historia de amor por el prójimo.

Fuente: aldeaviral.com
mayo 22, 2016

Tatúan a niños peruanos con el 666

Apocalipsis 13: 8 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Secta creciendo en gracia tatúa a niños y adultos en Perú con el apocalíptico número 666. Según los seguidores de su fallecido líder José Luis de Jesús Miranda, ellos han sido llamados a marcarse para ser “siempre salvos”.

Los representantes Oneid de Jesús Valdez Díaz y el tatuador, han sido denunciados por 7 años por la directora de una ONG, y hasta ahora no han recibido respuesta favorable.

Además de Lima, este grupo se encuentra operando en Trujillo y Tacna. Esta hereje congregación cuenta con mas de 400 iglesias en el mundo.

Los miembros del grupo son obligados a tatuase la piel y la de sus hijos, incluyendo la de los bebés porque según ellos, de esta manera podrán comunicarse con “los ángeles de luz y siempre estarán a salvo”.

José Luis de Jesús Miranda fue un polémico predicador religioso de la secta “Creciendo en gracia”, El cual se convirtió en uno de los falsos profetas más populares del mundo debido a su gran herejía de declararse como: Doctor, Papá, Dios, y principalmente Jesucristo Hombre.

Fuente: tiemposprofeticos.org