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viernes, 26 de octubre de 2018

octubre 26, 2018

Adolescente leyendo la biblia, sobrevive 7 semanas a la deriva en el mar

Aldi Novel Adilang, de 19 años, había estado trabajando como encargado de la lámpara en una trampa flotante para peces , conocida localmente como rompong, situada a 125 kilómetros de la costa norte de Manado en la provincia de North Sulawesi, Indonesia. (1)

Los Rompongs, que parecen pequeñas chozas, son dispositivos agregadores de peces que se asientan sobre boyas y flotadores y están anclados a bloques de concreto por cuerdas en el fondo marino.

El 14 de julio, cuando fuertes vientos rompieron los amarres que lo mantenían en su lugar. Sin motor, ni palas, el adolescente se alejó miles de millas de la costa de Indonesia hacia Guam.

Muchas personas de todo el mundo han escuchado la historia de éste joven indonesio. Él sobrevivió siente semanas a la deriva en el mar con nada más que su pequeño bote de pesca y su Biblia.

Esta insólita historia, da testimonio real a la palabra de la biblia en donde nuestro Señor Jesús fue tentado, y Él le respondió al tentador con la escritura: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino … Mateo 4:4. (RV).

Newsweek informa que Fajar Firdaus, un diplomático indonesio del consulado en Osaka, le dijo a The Jakarta Post: “Aldi dijo que había estado asustado y que a menudo lloraba mientras estaba a la deriva. Cada vez que veía un barco grande, decía, tenía esperanzas, pero más de 10 barcos habían pasado a su lado. Ninguno de ellos se detuvo o vio a Aldi” (2)

En una entrevista con TribunManado, Aldi dijo que creía que “iba a morir allí”.
El adolescente dijo que su salud mental había sufrido; en un momento consideró saltar al océano para suicidarse. En esos momentos, dijo, recordó el consejo de sus padres: cuando estén desesperados, oren. (3)

A medida que su confianza disminuía en su propia capacidad para sobrevivir y la depresión comenzó a abrumarlo, recordó la Biblia que tenía a bordo. (4)

Leyó los libros de Génesis, Salmos, Isaías, Mateo y Juan, donde se le recordó que su ancla y su brújula son, en última instancia, Jesús. Y él oró.

Finalmente, después de 49 días, Aldi logró enviar una señal de radio a un barco petrolero panameño que pasaba por las aguas de Guam, a cientos de millas de Sulawesi. (La radio fue un regalo de un amigo, quien se la dio en caso de que alguna vez se perdiera en el mar). Incluso su rescate fue difícil. Las grandes olas le dificultaron el salto de su cabaña de pesca al bote. Según el Telegraph, tuvo que saltar al agua y agarrarse a una línea del barco. (5)

Adilang no tenía mucho que hacer, más que clamar a Dios.
“El adolescente dijo que ofreció muchas oraciones llorosas a Dios para que lo rescataran y así pudiera ver a su madre y a su padre otra vez”, explica Western Journal. “También leyó cantó canciones cristianas”. (6)
El adolescente voló a su casa en Manado el 8 de septiembre, acompañado por funcionarios del consulado, y, según informes, goza de buena salud. (7)

¡Qué increíble historia de la asombrosa capacidad de Dios para consolarnos incluso en los momentos más angustiosos! Alabadle que este joven fue salvo y traído junto con su familia.
Para el futuro previsible, Aldi planea seguir confiando en el Señor y permanecer en la tierra. El domingo, 30 de septiembre, cumplirá 19 años.
Al igual que los discípulos en el furioso Mar de Galilea, Aldi confió en que el Señor lo libraría a través de la tormenta.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

noviembre 23, 2016

¿Qué es el alma?



PIRQUE ABOT: ¿Qué es el alma?

 
דע לפני מי אתה עתיד ליתן דין וחשבון

Aqabiá ben Mahalalel nos explica que la mejor forma de evitar pecar es recordar que luego de esta vida daremos cuenta ante Dios por lo que hemos hecho mal en este mundo.  Pero una vez que dejamos este mundo, ¿De qué manera ocurrirá este juicio?

Como dijimos anteriormente, nuestros Sabios nos enseñaron que el alma sobrevive la muerte del cuerpo.  Y que son nuestras almas las que se enfrentarán al Todopoderoso en el juicio celestial.

Hoy me gustaría explicar, muy brevemente, a qué nos referimos  cuando decimos “alma”, o en hebreo neshamá.

En realidad, la mejor forma de describir el alma sería a través de la fórmula matemática:  ALMA  = YO – MI CUERPO. Vamos a profundizar un poco esta ecuación.

1. ALMA MORAL: Para entender neshamá hay que pensar en  “mente”,  en oposición a “cerebro”.  Mi mente (Yo!) es la que decide, la que toma las decisiones. Nuestra libertad de elección no es una función cerebral o natural. Los animales tienen cerebro, y hasta cierto tipo de inteligencia Pero los animales no pueden tomar una decisión moral. En otras palabras, no pueden decidir entre un  “instinto” y un “valor”. Por ejemplo, si un animal tiene hambre no puede decidir no comer y darle la comida a un animal de otra especie. Los animales no tienen “alma”, sino instintos de supervivencia. El ser humano, por el contrario, puede tomar una decisión moral, y elegir no comer y darle esa comida a otra persona.  La que toma este tipo de decisiones es el alma/mente. El alma es el verdadero “yo”.

2. CONCIENCIA, MEMORIA: Más allá de la mente, el alma contiene -y retiene después de morir- nuestra identidad y conciencia. En otras palabras, aunque nuestros cuerpos mueren, todavía preservamos la noción de quiénes somos y fuimos, y en cierta forma, aunque desprovistos de cerebro , aún podemos pensar y percibir, obviamente de una manera completamente diferente a la que estamos acostumbrados.  Tan distinta qué es imposible imaginarla, cuanto más, describirla con palabras.  Cuando decimos que el alma preserva la “memoria” nos referimos a la película de nuestras vidas. No estamos hablando de las filmaciones que registran nuestras fiestas de cumpleaños o las vacaciones en Disneylandia, sino particularmente la memoria de nuestros actos morales: lo que hicimos bien y lo que hicimos mal, hacia Dios y hacia el prójimo.  Fue mi “alma” (yo!) quien decidió actuar bien o mal.   Eso es lo que dice Aqabia ben Mahalalel, es mi alma (YO menos MI CUERPO), mi conciencia, la “mente”, quién tomó las decisiones, y quien enfrentará el juicio final.

3. MADUREZ ESPIRITUAL: Más allá del juicio final, los Jajamim también hablan del placer del mundo por venir. Este placer fue descripto como “el placer de estar frente a la Presencia Divina” y este placer depende totalmente del nivel de madurez que alcanzó nuestra neshamá. El alma/neshamá tiene la potencialidad de crecer. Y al igual que nuestro cuerpo, la neshamá necesita ser alimentada para crecer o “madurar”.   Si no, no es que el alma muere, pero quedará en un estado “infantil”, de subdesarrollo, incapaz de percibir y disfrutar de la Presencia Divina en el mundo por venir. Cómo si alguien estuviera escuchando el mejor discurso del mejor orador del mundo, pero no entiende su idioma. ¿Cómo crece nuestra neshamá?  Es a través de nuestra neshamá que establecemos nuestro contacto con Dios. Nuestra conexión con Dios, ידיעת השם se incrementa a través de nuestra neshamá. A diferencia de nuestro cuerpo, que HaShem formó del polvo de la tierra,  el alma proviene directamente de HaShem. Y su evolución depende de esta conexión con Dios: el alma de un Yehudi crece cuando estudiamos Su Torá, cuando rezamos a Dios y cuando hacemos Su voluntad.   Si nuestras almas no tienen y mantienen esta conexión con HaShem, entonces el alma permanece en su estado inmaduro, infantil: se hace irrelevante, y sin una neshamá madura nos podemos transformar en seres egoístas o materialistas.

Mañana, BH, vamos a escribir sobre un Jajam, rabbi Shimón bar Yojai, que llegó a un nivel espiritual altísimo, tan alto que, excepcionalmente, el día que falleció, Lag La’Omer,  se celebra como si se tratará de su “graduación” (o Hilulá, como decimos los Sefaradim).

Fuente: Halaja.org

sábado, 27 de febrero de 2016

febrero 27, 2016

A doña María se le borró la cara

Una decena de ancianos minados por la lepra sobrevive al paso del tiempo en el último leprosario de México

Hace ya mucho tiempo, frente al espejo, María Cárdenas vio borrarse su rostro. Ocurrió lentamente, con una cadencia casi bíblica. Un ojo se nubló, luego se le hundió la nariz, le siguieron las orejas, la barbilla se deshizo y hasta los dedos desaparecieron. Todo eso pasó, pero ella, ante el espejo, seguía viéndose como la chica de 14 años, huérfana y alegre, que era antes de ser devorada por la lepra y apartada del mundo.

Han transcurrido 63 años y María, que ya es Doña María, sigue de buen humor. Indestructible, la anciana ha salido a un patio lleno de sol para celebrar la fiesta de La Candelaria. Bajo los aligustres, se ha sentado junto a Lucio, de 86 años, otro paciente de cara borrada. Ambos van en silla de ruedas. A su alrededor aletean los médicos y enfermeros del último leprosario de México, ahora llamado Hospital Dermatológico Doctor Pedro López. Les abrazan y tocan continuamente. El cariño forma parte del tratamiento contra el estigma que acompaña a la lepra. “Aunque se cure, margina a quien la sufrió, a su familia y al propio lugar donde se descubrió”, afirma el director estatal de Vigilancia Epidemiológica, Víctor Torres.

El sanatorio forma una isla extraña. Su creación fue decidida por el presidente Lázaro Cárdenas tras una protesta de enfermos que exigían un lugar donde ser atendidos. El general, impresionado por aquella marea de tullidos en el Zócalo, expropió una rica hacienda en Zoquiapan (Ixtapaluca), en el Estado de México, y se la otorgó, bajo dirección médica, a los propios pacientes. El 1 de diciembre de 1939 abrió sus puertas uno de los experimentos más singulares de América.

En sus 34 hectáreas, llegaron a convivir 680 personas. De pabellones amplios y ventilados, el lugar se volvió a una pequeña ciudad para los afectados y sus familias. Disponía de campos de cultivo, escuela, iglesia, ambulatorio, zapatería, barbería, casino y hasta una cárcel de cinco celdas custodiada por un paciente-policía. Los internos vivían en una burbuja, con sus propios ritmos. Había bailes, deportes, kermés. En algunos casos, hasta se casaban. Doña María lo hizo. En Zoquiapan conoció a su marido, otro leproso, y con él tuvo siete hijas. “Fueron buenos años. Antes de perder mi pierna izquierda, a mí me encantaba bailar, lo hacíamos en el comedor, nos ponían El zopilote mojado o La Rielera. Y anda que no nos divertíamos”, recuerda María.

Esta efervescencia empezó a languidecer a finales de los cincuenta. Los leprosarios se volvieron un sinsentido ante el avance médico. Aunque es una enfermedad de incubación lenta, cuyos síntomas puedan tardar 20 años en aparecer, las combinaciones de fármacos la hicieron curable y el cuidado a los afectados redujo drásticamente su transmisión. El bacilo, que se contagia por las gotículas nasales y orales de enfermos no tratados, inició el camino de su desaparición en México (175 casos en el último año). Y lo mismo ocurrió con Zoquiapan.

Poco a poco, dejó de haber ingresos y la ciudad de los leprosos se redujo hasta quedarse en una comunidad de 11 ancianos aislados. A su alrededor, como en sus vidas, se dibuja ahora un paisaje en retirada. En los pabellones habita el abandono y sólo un último reducto de casas, con sus flores y palmeras, mantiene la ficción de la normalidad. “Sienten melancolía, mucha, de cuando eran jóvenes y se divertían en este lugar”, dice la encargada de la atención médica, Isabel Quirós.

Los internos, con secuelas graves, ya son demasiado mayores para moverse. Casi ninguno camina, y los que pueden, no tienen con quien salir. En este lento ocaso, ladean la cabeza y guardan largos silencios. Todos, menos María. Ella, desde su silla de ruedas, sigue adelante. Se ha puesto un gorro rosa y unas gafas de sol negras. “Soy muy enamoradiza”, suelta. Y luego rompe a reír. Se hace tomar del brazo por el doctor Torres y el periodista, e implora que le canten algo. El médico, a duras penas, se arranca con una ranchera. Cuando acaba, Doña María, desafiante y mexicana, rompe con La Rielera. El corrido revolucionario hace callar a los congregados. Una voz dulce y casi infantil surge de la anciana. Yo soy rielera / tengo mi Juan / él es mi vida / yo soy su querer. Es María Cárdenas ante el espejo; huérfana y alegre.

Fuente: elpais.com