Radio Milagro: torá

Solo éxitos cristianos anunciando la venida de Jesucristo

Post Top Ad

Post Top Ad

Mostrando entradas con la etiqueta torá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta torá. Mostrar todas las entradas
junio 03, 2019

La mejor edad para casarse

La primera Mitsvá mencionada en la Torá es Piryia veRibyia, el mandamiento (y la primera bendición de HaShem al hombre) de casarse y traer hijos a este mundo

Hace dos mil años atrás, en Pirqe Abot, los rabinos dijeron que un joven judío debe procurar casarse cuando tiene 18 años de edad. Dijeron que haShem «lo observa y lo espera desde los 18 hasta los 20 para verlo casarse». Sin embargo, los rabinos mismos explicaron que si el joven está dedicado a sus estudios y piensa que una vez casado tenga que abandonar sus estudios (itbabtel min haTorá) puede posponer su casamiento por unos años (Shuljan Aruj, Eben Haezer 1:3). Algunos rabinos sugieren que el matrimonio no debería posponerse, incluso en esas circunstancias, más allá de los 24 años de edad.

Es evidente que, de acuerdo con nuestros Sabios, es preferible casarse lo más joven posible. Pero ellos mismos reconocen que hay otros elementos, más allá de la edad, que deben tenerse en consideración antes de decidir casarse. Por ejemplo, la madurez de los jóvenes, lo cual es esencial para tener una vida feliz y un matrimonio exitoso (=Shalom Bait), y las posibilidades económicas para cubrir los gastos básicos de una familia. Maimónides escribe al respecto: «Las personas emocionalmente equilibradas (derej ba’ale hade’a ) primero procuran un medio de vida que les permita proveer su sustento; después encuentran un lugar para vivir y luego se casan. Pero aquellos individuos emocionalmente inmaduros (tipeshim), primero se casan, luego buscan un lugar para vivir, y luego procuran un medio de vida … «(De’ot 5:11).

De acuerdo a los rabinos, si bien existen numerosos factores que deben ser considerados antes de tomar la decision, un joven emocionalmente maduro que cuenta con los medios para vivir una vida digna, no debe posponer su casamiento innecesariamente.

¿Puede un hermano menor casarse antes que el mayor?

Normalmente, cada familia espera que la hija mayor o el hijo mayor se case primero. Hay dos fuentes judías que sustentan esta expectativa. Una de ellas es la alusión a esta antigua costumbre de las palabras de Labán a Ya’aqob, cuando Labán negó dar su hija menor, Rajel, en matrimonio antes que Lea. Laban le dijo a Ya’aqob: «En nuestro lugar, esto no se puede hacer, dar la hija más joven (en matrimonio) antes que la mayor» (Bereshit 29:26). La segunda y  más sólida fuente bíblica que sustenta esta costumbre es el caso de las cinco hijas de Tzelofjad, que de acuerdo a nuestros rabinos, se casaron según el orden de su edad.

Sin embargo, los rabinos ven en estas fuentes no una ley rígida sino más bien una cuestión de preferencia: es mejor que el hermano o la hermana mayor se casen primero, pero no mencionan la prohibición de que el hermano o la hermana menor se casen primero, si ya están en la edad de hacerlo.

El Rab Moshe Feinstein tiene una interpretación muy interesante de este Minhag. En su dictamen (IGM, EH’E 2: 1), dice que se debe dar la prioridad de casarse al hermano o la hermana mayor cuando ambos hermanos o hermanas están comprometidos. En esas circunstancias, la boda de la hermana o el hermano mayor debe tener lugar primero, necesariamente. Pero fuera de este caso, si el hermano más joven encuentra a su futura pareja en primer lugar, no debe postergar su casamiento.

En muchas comunidades existe la hermosa costumbre que en el caso que el hermano o la hermana menor se comprometen primero, pidan formalmente el permiso y la bendición de su hermano o hermana mayor antes de casarse (no olvidemos que respetar a los hermanos mayores es parte de la Mitsvá de Kibbud Ab va-Em). En este caso, se espera que los hermanos mayores den su consentimiento y su bendición de todo el corazón. 

Fuente:halaja.org





noviembre 29, 2017

¿QUIEN NOS REGALO JERUSALEM EN 1967?


 Hoy, 28 de Iyar, celebramos Yom Yerushalayim, el día que Jerusalem regresó a nuestras manos. Este año, 2017, marca el 50 aniversario de este glorioso día.

Ayer explicamos de qué manera la Torá describe la intervención Divina en las guerras del pueblo de Israel contra sus enemigos.    Hoy veremos que a veces la intervención de HaShem con Su pueblo, Israel, puede llegar a ser más evidente todavía. Sólo tenemos que abrir los ojos y recordar lo que ocurrió en la guerra de los Seis Días, y particularmente, en la conquista de Jerusalem.

Comencemos por el final.

Si bien la batalla por Yerushalayim cobró un alto precio en las preciosas vidas de cientos de nuestros heroicos soldados (776 soldados israelíes murieron en la guerra de los Seis Dias), Yerushalayim fue, literalmente, un regalo de HaShem. ¿Por qué?  Porque Israel NUNCA tuvo la intención de conquistar Jerusalem en la guerra de 1967.

Veamos. El principal enemigo y el instigador de la guerra para destruir al joven Estado judío era Gamal Abdel Nasser, el presidente de Egipto. Todas las fuerzas del ejercito de Israel debían estar concentradas en la defensa del desierto de Sinai.   Si la península de Sinai caía, las fuerzas egipcias (¡ese era su plan!) llegarían hasta Tel Aviv.

El Ministro de Defensa, Moshé Dayán, dejó esto en claro a Uzi Narkiss, el comandante de las relativamente pocas fuerzas que protegían la Jerusalem judía: la prioridad es defender el Sinai.

Aclaremos que en ese entonces Jerusalem estaba dividida. La parte Oeste pertenencia a los judíos y la parte Este, incluyendo la Ciudad Vieja, el Muro de los Lamentos, etc. le pertenecía a Jordania (a los judíos, obviamente, les estaba prohibido el acceso al Muro y a la Ciudad Vieja).

El Primer Ministro de Israel Levi Eshkol, le hizo llegar un mensaje al rey de Jordania, Hussein (el padre del actual rey de Jordania): Israel no tiene intenciones de luchar contra Jordania, si Jordania no interviene en la guerra.   Pero todo indicaba que Jordania atacaría. Contaban con 5.000 soldados ya apostados en Jerusalem y con refuerzos permanentes que llegaban desde Ammán, la capital jordana y de Arabia Saudita, y una fuerza de elite de soldados de Iraq.

Los Yehudim de Jerusalem se estaban preparando para lo peor. La gente donaba sangre, aprendían primeros auxilios e improvisaban refugios para los niños. Se calculaba que habría entre 10.000 y 100.000 bajas civiles.. Los parques nacionales estaban siendo preparados para ser utilizados como cementerios. Los cajones de madera, ya estaban listos para los primeros funerales…

Y Jordania atacó.  Moshé Dayán dio la orden explícita de responder al fuego “proporcionalmente”, y bajo ningún concepto escalar la violencia, con la esperanza de que Hussein interrumpiera su ataque.   Pero Nasser, el presidente egipcio, luego de haber sufrido irremediables bajas en su fuerza aérea, quiso convencer a Hussein de que atacará a Israel y le dijo: “Nuestras fuerzas ya se están encaminando hacia Tel Aviv ¡Tienes que sumarte al ataque!”. Hussein se creyó esta falsa historia y comenzó a atacar la parte judía de Jerusalem.

Pero poco a poco, y milagrosamente, los soldados judíos ganaban cada batalla que peleaban. Y avanzaban, al tiempo que los soldados jordanos huían en medio de caos, confusión y miedo.   Las tropas judías se acercaron a la Ciudad Vieja y por primera vez se dieron cuenta que podrían atravesar sus muros. Levy Eshkol autorizó el ingreso, pero se apuró a aclarar: “Vamos a avanzar [hacia la ciudad vieja]  sabiendo que una vez que termine la guerra debemos abandonar Jerusalem”.

Increíblemente, la mayoría de los ministros de Israel se oponían a avanzar hacia la Ciudad Vieja..  “El mundo”, dijeron, “particularmente el Vaticano, no permitirá que los judíos custodiemos los lugares santos cristianos”.  Los líderes politicos de Israel tenían miedo de triunfar. Las tropas judías, sin embargo, comenzaron a rodear la ciudad vieja.  A las 3 de la madrugada del día 6 de junio, Ali Ata,  el comandante jordano responsable por la defensa de Jerusalem entró en la oficina del gobernador jordano de Jerusalén, Anwar al-Khatib, y le dijo:  “La batalla por Jerusalem está perdida”. Todos menos dos de sus oficiales habían desertado. Las tropas jordanas estaban desmoralizadas y exhaustas y no podían ser controladas sin sus oficiales. Ali Ata sacó a sus soldados de la ciudad vieja y huyo hacia Ammán.

Y así Yerushalayim, 1899 años luego de ser destruida por los romanos, volvió a ser la capital del Pueblo judío.

Yerushalayim estaba preparada para el luto. Para enterrar y llorar a miles de muertos. Pero la angustia se trasformó en alegría, y la pesadilla en un hermoso e inalcanzable sueño que sorpresivamente se hacía realidad.  Era como soñar despierto, como en un eco de las palabras del Rey David (Tehilim 30).  “[HaShem] Tú convertiste lo que iba a ser mi funeral, en una fiesta de celebración; Tú abriste mi mortaja y me hiciste vestir de alegría”.  Las palabras de los profetas de Israel por fin se verían cumplidas. De ahora en adelante, en la ciudad de Yerushalayim, se volverían a escuchar las voces de felicidad, de bodas, y fiestas.

Y los cajones de madera que se habían preparado para los funerales fueron desarmados. Y ese año, los Yehudim de Yerushalayim utilizaron esas maderas para construir sus Sukkot, las cabañas que representan la eterna protección Divina a su Pueblo, Israel.

הודו לה’ כי טוב כי לעולם חסדו

Fuente: Halaja.org
julio 24, 2017

¿Qué es la Torá y cuál es la diferencia entre la Torá oral y la Torá escrita?

Usamos la palabra Torá para referirnos a una clase, para hablar de pasajes, sentimientos y veinte mil cosas. Decimos Torá para esto, Torá para aquello, Torá… Tanto así que muchos de nuestros lectores nos han preguntado qué es la Torá y cuál es la diferencia entre la Torá oral y la Torá escrita. Es una de las preguntas más difíciles que me han hecho en la vida, porque contestarla representa poner en palabras y sistemas dialógicos premisas básicas de mi fe. Sin embargo, es una pregunta medular porque en ella se fundamenta todo el judaísmo.

Hay varios niveles en los cuales la pregunta puede ser interpretada, trato de responderla desde lo más básico y fundamental sin banalizar y simplificar su significado. Espero haber logrado mi objetivo y que este artículo logre clarifique varias dudas. Ojalá lo disfruten.

¿Cómo conocemos el pasado? La Torá como historia y tradición.

Imagínate a un hombre que nace y a los pocos años es abandonado en una isla desierta. Cuando crece no sabe nada de su origen y nunca ha tenido contacto con otro ser humano. Esta persona se acostumbraría a creer únicamente en lo que sus sentidos le dicen.

De repente llega otro ser idéntico a él, logran comunicarse y le platica que nació de otro hombre. Le dice que hace muchos años era pequeño y durante nueve meses vivió en el vientre de un ser llamado “mujer”; que dentro de ese vientre se alimentó de lo que ella comía a través de un cordón conectado a su panza y que una bolsa repleta de agua lo rodeaba para protegerlo del exterior.

Si el hombre vive en una isla donde sólo hay pájaros o peces no tiene forma de creerle a la persona que le habla. No puede comprobar lo que le está diciendo aunque sea cierto. Ese hombre nació sin tradición; a través de la razón y los sentidos físicos jamás va a poder sustituir la verdad que la experiencia enseña.

Ese es el gran conflicto que la humanidad ha enfrentado por años: lo que sabemos de nuestro origen es bastante poco. La historia que nos cuentan nuestros padres y maestros sucedió mucho antes de que nosotros naciéramos. La razón nos puede indicar si lo que nos dicen es congruente o no, lógico o no, pero jamás va determinar si es verdadero en su totalidad. Mucho de lo que conocemos y creemos no es comprobable, sin embargo, no por ello falso.

Éste es el eterno problema que enfrentan ateos, agnósticos y creyentes diariamente. No sabemos cuál fue el origen del Universo, de la vida y del hombre. Tratamos de explicarlo a través de creencias y teorías, de mundos materiales o espirituales, pero al final del día lo único que nos quedan son teorías; creencias y misterios.

Si nos vamos por la vía de la ciencia, nos damos cuenta que la física, la química y la geología nos pueden dar datos físicos, nos pueden hablar del presente, sobre leyes comprobables y fenómenos medibles, pero no nos pueden dar una historia. No pueden hablar del pasado porque no pueden comprobarlo científicamente. Tampoco nos pueden hablar del futuro, porque no saben si las condiciones que estudiaron van a ser alteradas.

Cuando aceptamos una ley científica aceptamos la creencia de que un patrón que se repite en el presente se repetirá en un futuro. Cuando aceptamos una teoría, aceptamos la explicación que se le dan a esos fenómenos en su totalidad, una deducción. Sin embargo, el futuro no puede ser comprobado porque no ha sucedido y nada nos asegura que lo que sucede en el presente realmente ocurrió en el pasado.

Sólo la historia nos puede hablar del pasado. De algo que ya ocurrió, pero para creerle a la historia necesitamos creer en las personas que lo dicen. Nuevamente nos movemos en un mundo donde no hay certezas; en ese mundo, si el individuo quiere tener un poco de sanidad debe de formar su propio marco de creencias. A través de la experiencia y a través de la razón deducirá lo que considera cierto y verdadero.

Sin embargo, si quiere saber su origen y su sentido en este mundo en todo momento depende de la historia, de la memoria que sus antecesores le han legado. Depende de una tradición, de lo que hombres y mujeres construyeron antes que él y han decidido enseñarle; de los relatos que familias enteras han decidido contarles a sus hijos, de culturas que no se han dejado vencer por el tiempo y han trasmitido los conocimientos adquiridos a lo largo de siglos.

Finalmente tenemos historia y tenemos cultura gracias a aquellos que decidieron dárnosla; gracias a aquellos que quisieron darnos un legado, una tradición.

La Torá es nuestra tradición y es nuestra memoria. Son las enseñanzas que nos fueron dadas de padres a hijos a través de los milenios y que hemos decidido preservarlas.

Es lo que nos configura como judíos, el código que marca nuestro comportamiento moral con las demás personas, con nosotros mismos y con Doos; las prácticas que realizamos comunitariamente, la forma en que educamos a nuestros hijos y el sentido que le damos a nuestro futuro.

La Torá es el centro del judaísmo: en ella se encuentran las prácticas judías, la filosofía judaica y la historia del pueblo judío. Nos fue dada y la hemos preservado de dos formas distintas: una oral y otra escrita.

Torá Escrita

La Torá escrita son los textos sagrados que preservamos en rollos dentro de casas y sinagogas. Se tratan con un cuidado extremo y se les da una reverencia especial. Se leen en servicios religiosos, y fueron hechos por un sofer (un escriba) que recibió instrucción durante años y fue preparado específicamente para copiar correctamente los textos sagrados y dotarlos de la santidad requerida.

Al hacer un rollo nuevo, él copia letra por letra el texto de un rollo anterior. Si un punto, una línea de cualquier símbolo es incorrecta o tiene un pequeño defecto, todo el rollo se considera no kasher (no legal), se le entierra y se vuelve a empezar nuevamente. Esto se ha hecho por más de 4,000 años. Por esta rigurosidad hemos logrado mantener nuestros textos sagrados inmutables a través del tiempo y el espacio geográfico.

Los primeros rollos de Torá que fueron escritos, son los cinco libros del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) fueron dictados letra por letra por Dios a Moisés. Desde entonces todos los rollos que se han escrito han sido una copia de los anteriores. Son divinos porque cada una de sus palabras fue dicha por Dois.

En ellos se cuentan la historia de la creación del hombre y del mundo, las historias de los patriarcas, la conformación del pueblo judío, el Éxodo en Egipto, la entrega de la Torá, la travesía por el desierto y la construcción del Tabernáculo. Es decir, cuenta la historia del pueblo judío y la conformación del judaísmo con genealogías y fechas. Es el relato que nos habla de nuestro origen.

Por si fuera poco, aparte, entre cada relato se encuentran las leyes que fueron dadas por Dios a Moisés y al pueblo judío. En ellas se encuentran normas con respecto a relaciones interpersonales, normas con respecto a rituales, rezos y prohibiciones. A estas leyes se les llaman mitzvot son 613 y alrededor de ellas giran todas las prácticas judías.

Aparte del Pentateuco, al cual uno se refiere como La Torá, tenemos otros textos escritos que se consideran sagrados pero no divinos. Son los Profetas (Nevim) y los Escritos (Ketuvim). En ellos se encuentran libros que fueron escritos por personas que tenían profecía como Ezequiel, Mica o David.

También se preservan en rollos, pero se leen en distintas épocas y de distintas formas. Se les considera parte de la Torá escrita, porque aunque no fueron dictados por Dios, tienen santidad y fueron escritos para ser preservados a lo largo de los milenios.

Juntos las tres compilaciones (Torá, Nevim y Ketuvim) toman el nombre de Tanaj, y son toda la Torá escrita que tenemos. Es decir, son la tradición escrita que nos fue dada, todos los otros textos que existen sobre judaísmo forman parte de la tradición oral.

Torá oral

En la Torá oral encontramos aquello que da vida a la Torá escrita. Es decir, nos dice cómo interpretar y llevar a cabo las leyes que aparecen en ella, da explicaciones a pasajes enigmáticos y enseña formas de conocer y domar las emociones.

De la Torá oral se desprende la halajá (la ley judía), el musar (libros sobre crecimiento personal), la cábala (mística judía), los midrashim (relatos explicativos de sucesos o personajes bíblicos), la liturgia y la hagadá (la filosofía judía).

Todas son enseñanzas de una sabiduría viva, porque el objetivo del estudio de Torá es que la persona integre los aprendizajes adquiridos a su vida; que la practique; que se relacione de una mejor forma consigo misma, con el prójimo y con Dios.

Durante años se prohibió escribir estas enseñanzas, precisamente porque se requiere estudiarlas de forma íntima para conocerlas, es decir con un maestro. La Torá oral fue pensada para ser trasmitida de padres a hijos, para que el conocimiento fuera interno y no externo como un libro. Y la persona supiera de dónde aprendió las enseñanzas, de su propio padre. Así también, la persona sabría que su padre lo aprendió de su abuelo, su abuelo de su tatarabuelo y éste de su propio padre, hasta llegar a Moisés quien lo aprendió de Dios.

Exilio

Durante siglos, el judaísmo soportó numerosos exilios con las formas de enseñanza tradicionales, recluyéndose en yeshivot (escuelas judaicas), pueblos y templos. Sin embargo, en el último exilio, el exilio romano, muchos de los centros de estudio fueron destruidos y se corrió el riesgo de perder toda la Torá oral. Por eso, Rabí Yehudá Anasi se vio en la dolorosa misión de recopilarla y escribirla, para evitar su destrucción.

Así en el siglo I e.C. se creó la Mishná, que contiene alrededor de 4,224 preceptos distribuidos en 6 tratados distintos. Los mishanyiot, los preceptos de la Mishná, son frases que contienen la halajá (ley judía). Por ejemplo, te dicen cuáles son los trabajos que están prohibidos realizarse en Shabat, qué se considera un espacio privado, qué es un tefilin y cómo se usa. Todas las particularidades que no vienen escritas en los rollos de Torá.

Eran preceptos que niños y adultos estudiaban y se sabían de memoria. Eran más de 70,000, pero quedaron escritos únicamente las que todo el mundo conocía y aceptaba. Para recopilarlas, Yehudá Anasi recorrió todos los centros y pueblos judíos existentes en el momento; preguntó a niños y adultos cuáles eran los preceptos y escribió únicamente aquellos que todos recitaban.

Más adelante, ya escrita la Mishná se escribe la Guemará, ésta es más que nada es filosofía judaica. Conecta la Torá oral con pasajes de la Torá escrita y da explicaciones a por qué se hace así la ley. La obra que recopila a ambas se llama Talmud es el corpus de libros más importante de la Torá oral, en él se encuentra la Mishná y la Guemará recopiladas y los comentarios que hacen a ambas varios de los rabinos más importantes. En el estudio del Talmud se centra casi toda las prácticas y creencias judías.

Aparte se encuentran otros libros de Torá oral que se han ido escribiendo a lo largo de los milenios como el Sidur, que es el libro de rezos más importante, el Zohar, el libro de donde se desprende toda la cábala el Shulján Aruj la recopilación de la halajá más completa que tenemos hasta nuestros días y el (El camino de los justos), que es el libro de musar más conocido en nuestros días. Éstos sólo por poner unos ejemplos bastante populares de los cientos de libros de Torá oral que existen y han sido recopilados a lo largo de los siglos.

En nuestros días

Es muy importante recordar que la Torá oral aunque haya partes de ella escrita sigue siendo oral. Hoy en día miles de rabinos siguen enseñando a sus alumnos judaísmo, siguen compartiendo reflexiones al hacer los servicios y familias enteras siguen estudiando Torá con sus hijos. Todo ello, las pláticas con amigos sobre un pasaje, las vivencias personales al festejar una celebración, los sentimientos hacia Dios y la Torá, las miles de pláticas y conferencias que se dan día a día son parte de la Torá oral. Contribuyen a que nuestra tradición no se pierda.

Hay un rabino que dice que la Torá escrita tiene una dimensión finita e infinita. Finita en cuanto a que está escrita y se puede leer de principio a fin sin problema, infinita en cuanto a que el aprendizaje que se obtiene de ella es infinito. La Torá oral representa ese aprendizaje, es inagotable porque se encuentra dentro de cada persona que se acerca a Hashem y su Torá y con cada persona con cada generación se mantiene y se renueva. Es el agua que riega a la semilla, el alimento de la fe.

Finalmente la Torá en su totalidad, de forma escrita y oral, es nuestro origen y nuestra tradición. Nuestro futuro, nuestra salvación.

El sentido por el cual fuimos creados, la verdad absoluta, el pacto más íntimo que se puede hacer con Dios. La razón por las que todas las cosas que existen fueron creadas.

Fuente: Enlace Judío
julio 18, 2017

Escuchando los mensajes de Dios


 Bejukotai(Levítico 26:3-27:34)

La parashá de esta semana contiene la tojajá o ‘reproche’, la serie de horrendos castigos que le acontecerán al pueblo judío si no escuchan a Hashem y continúan ignorando sus advertencias. ¿Cuál es la causa principal de la intensidad de estos castigos?

La Torá dice:

“Si se comportan conmigo de manera casual (keri) y se niegan a escucharme, entonces les daré un castigo…”

“Si a pesar de esto no se sienten disciplinados por Mí y se comportan conmigo casualmente, Yo también me comportaré hacia ustedes con casualidad, y los golpearé, también Yo, siete veces por sus pecados (Vaikrá 26:21, 23-24).

¿Qué significa la palabra keri?

El Rambam define keri como la negación de la orquestación divina de los eventos, viéndolos, en cambio, como ocurrencias accidentales. Escribe (Hiljot Taaniot 1:3):

Pero si el pueblo no clama [a Dios] y hace sonar las trompetas, diciendo en cambio: “Lo que nos ha ocurrido es simplemente un evento natural, y esta dificultad es casual”, es un camino de crueldad que les hace continuar con sus acciones malvadas. Y este momento de angustia llevará a más angustia.

Esto es lo que dice la Torá: “Si se comportan conmigo de manera casual, me comportaré con ustedes con una furia casual”. La implicancia del versículo es: cuando traigo dificultades sobre ustedes para alentarlos a cambiar, si dices que es casual, agregaré a tu [castigo] como una expresión de enojo por esa indiferencia [a la providencia divina].

El Rambam dice que ignorar la providencia divina es “un camino de crueldad”.

¿Por qué lo llama crueldad, cuando el problema esencial en esta situación es herejía? El Rambam no necesita decirnos que es herejía, eso es obvio. En cambio, se enfoca en la raíz que causa la herejía: la crueldad, porque atribuir las experiencias dolorosas a la casualidad, posiciona a Dios como una figura paterna desinteresada y vengativa. Sólo una persona cruel imaginaría que un padre deja a sus hijos a merced de los traicioneros caprichos del destino, permitiendo que sean lastimados sin ninguna razón.

Más aún, reducir las dificultades a meras ocurrencias accidentales asegura que las personas no hagan teshuvá, haciendo que Hashem traiga sobre nosotros dificultades aún mayores. Esta es otra manifestación de crueldad. Es como quitarle a una persona el chaleco salvavidas, lo único que la puede salvar cuando está varada en medio del océano.

No hay accidentes

El mensaje central de la parashá es que no hay accidentes. Nada simplemente “ocurre”. Dios dirige el mundo; todo lo que ocurre es un mensaje divinamente calibrado de Hashem. Él se comunica constantemente con nosotros, y debemos detenernos y preguntarnos: “¿Qué me está enseñando Dios?” Pasa algo en Israel, hay una importante crisis económica, alguien cercano a ti se enferma, pregúntate: “¿Qué debo aprender de esto?”. No creas que es un hecho arbitrario, casual. Advierte que Hashem es la causa detrás de todo lo que ocurre en el mundo, y es muy articulado. Si realmente queremos entender su mensaje, lo haremos y nos ahorraremos mucho dolor.

En lugar de quejarnos o cuestionar los caminos de Dios, debemos enfocarnos en oír su mensaje y prestarle atención.

Un estudiante viajando por el mundo me dijo en una oportunidad: “Rabino, ¡yo no necesito una Ieshivá! Que sepa, Dios y yo somos muy cercanos. Él hace milagros para mí”.

Yo lo miré con un poco de sospecha. “¿Te molestaría describir uno o dos milagros?”.

“Seguro”, dijo. “Hace poco estaba subiendo en bicicleta por un sinuoso camino de montaña. Un gran camión hizo un giro muy brusco y se metió en mi carril, dirigiéndose directamente hacia mí. Sin otra opción, me salí del camino, hacia un acantilado, y caí 20 metros hacia rocas puntiagudas. Yo grité ‘¡Dios!’”.

“Rabino, cuando caí al piso, sentí la mano de Dios amortiguando el golpe. ¡Me levanté sin un rasguño! ¡Fue un milagro total! Ve, Dios y yo somos muy cercanos”.

Yo me incliné hacia adelante, miré al muchacho a los ojos y le dije: “Dime, amigo mío, ¿quién crees que te empujó hacia el acantilado en primer lugar?”.

El joven se quedó mudo.

Rav Weinberg explicó: “Dios no es Superman. Superman espera que caigas a un precipicio para salir volando, en el último instante, y salvarte. En cambio, Dios controla todo lo que ocurre en tu vida, tanto los problemas como las soluciones. Primero envía un camión para forzarte a caer por el precipicio, y luego te salva. La pregunta que debes hacerte es: ¿por qué Dios te arrojaría de un precipicio y luego te atraparía? Claramente, quiere llamar tu atención. ¿Qué quiere enseñarte? ¡Debes trabajar en tu relación con Dios yendo a una Ieshivá!”.

Una señal de amor

Cuando Hashem envía un mensaje para llamar nuestra atención, es una expresión de su amor e interés, incluso si la llamada de atención incluye un poco de dolor.

Imagina que estás manejando tu carro y, de repente, un niño de siete años salta hacia la calle persiguiendo su pelota. Clavas los frenos y lo esquivas por poco. Luego, bajas la ventana y le gritas al niño: “Hey, ¡ten cuidado! ¡Casi te atropello!”. Estás a punto de continuar viajando cuando ves a un hombre persiguiendo al niño y tirándolo hacia el piso. El hombre le grita al niño: “¿Estás loco? ¡Casi te matas!”, y luego le da al niño un coscorrón.

¿Quién es el hombre que persiguió al niño, lo arrojó al piso y no se satisfizo con retarlo verbalmente?

Es el padre del niño. Ama tanto a su hijo, que no se detendrá hasta asegurarse de que su hijo entienda el mensaje de no volver a correr hacia la calle, incluso si para lograrlo debe darle un coscorrón. Es una señal de amor e interés, no de abandono.

Hashem es nuestro Padre Celestial y, dado que nos ama profundamente, no renuncia a nosotros. De ser necesario, continuará enviando llamadas de advertencia. Y, si lo hace, debemos recordar que es una señal de su amor.

Entendiendo el mensaje

Para escuchar correctamente el mensaje de Hashem, primero debemos conectarnos con la realidad de su amor por nosotros y reconocer que su mensaje es para nuestro bien. Si la relación con Hashem está impregnada de desconfianza y enojo, su mensaje se distorsionará al atravesar esa lente subjetiva, dado que el contexto emocional de una relación determina ampliamente cómo interpretamos las interacciones.

Por ejemplo: Rajel lleva cuatro años estudiando para su magíster. Esta noche es la graduación. Le dice a Marcos, su esposo: “Llega a las 8:00 p.m y, por favor, no llegues tarde”.

“No te preocupes”, la tranquiliza él. “Llegaré a tiempo”.

“¿Lo prometes?”.

“Prometido”.

De pronto son las ocho y aún no ha llegado. Rajel comienza a agitarse. Ocho y diez y sigue sin llegar, ahora ya está enojada. A las 8:30 no puede creer que la haya decepcionado otra vez. Se siente herida y rechazada.

Ahora veamos una segunda pareja. Sara y David. Sara también se gradúa esa noche, y le dice a David que esté allí a las ocho y trate de no llegar tarde.

“Es una noche tan importante” dice él. “¡No quiero perderme ni un minuto!”.

Son las ocho y no llegó. ¿Qué piensa Sara? Quizás está varado en el tránsito. Ocho y diez… ella comienza a preocuparse. Quizás ocurrió algo. A las 8:30 sale del auditorio en pánico y comienza a llamar a los hospitales locales.

La misma situación, dos reacciones muy diferentes. Cuando la relación es de resentimiento y desconfianza, la acción es interpretada bajo ese lente negativo. Cuando la relación es de amor y confianza, esa misma acción es vista bajo una luz completamente diferente.

Si no somos conscientes del amor inquebrantable de Hashem, obligadamente malinterpretaremos su mensaje. Entonces, el desafío inicial es asegurar que nuestra relación con Él está arraigada en confianza y amor.

Hashem no estalla con furia, infligiendo dolor por su propia frustración e incapacidad para controlar sus impulsos. No es un padre disfuncional. Todo lo que hace emana de su amor, que es inconmensurable e inagotable, mayor a todo el amor en el mundo. Como dice la Torá: “Como un padre castiga a su hijo, Hashem, tu Dios, te castiga” (Devarim 8:5).

Ahora, ¿cómo nos conectamos con el amor que Dios tiene por nosotros y ponemos nuestra relación con Él bajo una luz positiva? La respuesta es: construyendo gratitud.

Gratitud

Los actos de bondad construyen amor y confianza en una relación. Pero para que los lazos de amor se fortalezcan, los actos de bondad deben ser reconocidos y valorados. Si la bondad se da por descontada y el receptor no es agradecido, no se realiza ningún depósito emocional y las dos partes perderán la oportunidad para acercarse.

Todos somos receptores de una increíble abundancia de regalos de Dios: nuestra vida, nuestra visión, nuestras piernas, nuestros hijos, nuestra ropa, nuestros hogares, nuestra comida, cada respiro que damos… es una lista infinita. El problema es que, a menudo, damos las innumerables bendiciones de Dios por descontado y olvidamos que somos receptores de su miríada de preciosos regalos. Para sentir su amor por nosotros, debemos realizar una pausa consciente y apreciar las demostraciones infinitas y constantes de ese amor. Al reconocer su involucración permanente en nuestra vida, tanto pasada como presente, podemos construir un contexto de amor para nuestra relación con Dios.

Este fue uno de los mensajes principales de Dios al pueblo judío cuando se presentó a nosotros en el Monte Sinaí. “Yo soy Hashem, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud” (Shemot 20:2).

Dios podría haberse presentado diciendo: “Yo soy Hashem, tu Dios, quien creó los cielos y la tierra”. ¿Qué podría ser más impresionante que eso? Pero Dios no estaba interesado en jactarse de su poder. Quería mostrarle a su incipiente nación que estaba con ella, con compromiso, interés y amor. “Sí, soy Yo, tu Dios, quien dio vuelta la naturaleza para liberar a cada uno de ustedes, Quien los salvó y los liberó de la esclavitud y los eligió para que sean mi pueblo”.

El siguiente ejercicio puede ayudarte a apreciar el rol activo y lleno de amor de Dios en tu vida personal. Si te tomas el tiempo para hacerlo, transformará tu relación con Él.

Escribe 50 bendiciones que tienes en tu vida (por ejemplo, tu olfato, tu pareja, tu salud…).

Ahora escribe 50 más (tu café de la mañana, la sonrisa de tu hijo, tu auto…).

Cada día, escribe una nueva bendición que hayas recibido en tu vida. Hazlo durante un mes. En Shabat, pídele a tu familia y a tus invitados que compartan una cosa por la cual están agradecidos.

Al construir tus músculos de gratitud, comenzarás a reconocer y valorar el amor infinito de Hashem por ti, que es el prerrequisito esencial para entender los mensajes que te envía.

Fuente: Aish Latino 
julio 18, 2017

Sodoma y Gomorra; la Torá nos ordena no seguir a las masas

El pasaje de Sodoma y Gomorra ha de ser de los más mal interpretados de toda la Torá. Varios intelectuales lo han usado para hablar de la crueldad divina, de un Dios que castiga y se olvida de sus criaturas, entre otros ataques. Muchos creen que la ciudad fue quemada por su sexualidad abierta, cuando las escrituras nos enseñan otra forma de interpretarlo: Sodoma y Gomorra fueron deshechas por la crueldad de sus habitantes; porque eran incapaces de hacer un acto de hospitalidad con los viajeros o un acto de bondad con el prójimo.

En este discurso el rabino Yaacob Menken nos habla de cómo el pasaje de los ángeles y Lot muestra otra cara de esta sociedad y de por qué la Torá nos ordena separarnos de las masas para separarnos del mal. Según muestra este pasaje, no hay peor daño que el que se hace de forma masiva incitando a las multitudes a odiar.

No sigas al ganado.

Cuando Abraham y Lot se separaron, Lot se estableció en la tierra fértil que rodeaba la ciudad de Sodoma, pero mantuvo contacto con la tierra sagrada y generosa que le había dado su tío [Abraham]. De tal forma que cuando los dos ángeles se acercaron a las puertas de la ciudad, él se levantó para saludarlos e invitarlos como huéspedes a su casa.

Este acto fue mal visto por los habitantes de Sodoma, quienes veían a la hospitalidad como un crimen. La Torá nos dice que los hombres de la ciudad se reunieron alrededor de la casa para asaltar y maltratar a los visitantes. Llegaron “desde el joven hasta el viejo, todo el pueblo desde todo extremo” (Gen 19:4). Rashi nos explica que este verso significa que nadie en la ciudad, ni una sola persona objetó en contra de lo que estaba por suceder. Esa era la cotidianidad de ciudad.

Lo ángeles ordenaron a Lot que escapará por su vida, y el obedeció. Le advirtieron que no debía voltear hacia atrás y cuando su esposa rompió la advertencia se convirtió en “una columna de sal” (Gen 19:26). ¿Qué significa esto? ¿Sólo por ser curiosa y ver sobre su hombro fue asesinada y convertida en un pilar de sal?

El midrash, citado por Rashi, explica que debemos ver con mayor profundidad este pasaje. Se convirtió en una columna de sal porque había cometido pecados con sal. ¿Cuál fue su crimen? Lot le pidió darle sal a sus invitados y ella se negó respondiendo “¿quieres que este acto malvado también se vuelva costumbre del lugar?”

Estaba tan influida por la cultura sodomita que al igual que los demás, veía el acto de recibir huéspedes como malvado. Había internalizado la inversión moral de Sodoma.

Así que cuando estaban escapando de Sodoma, mientras Lot corría lo más rápido que podía para salir de ese lugar, ella todavía se dio el lujo de voltear hacia la ciudad, no por curiosidad de saber qué era lo que pasaba, sino porque no quería irse. Anhelaba regresar a Sodoma.

Este es el poder del pensamiento en masa. Cuando Hitler alcanzó el poder en Alemania, promovió la barbaridad y la crueldad como muestra de “fortaleza” y causó rechazo a la conciencia como muestra de “suciedad judía”. Y miles de personas lo siguieron mientras convertía la moralidad en debilidad y la maldad en bondad.

En el mismo verso en que la Torá nos dice que sigamos las costumbres que la mayoría acepta, también nos dice que no sigamos a las masas para hacer el mal (Éxodo 23:2). En las palabras sencillas del verso podemos encontrar una lección valiosa. Si alguien te dice que debes seguir el rebaño debes responderle: no debemos seguir a las masas para hacer el mal. Sólo cuando hay discusión entre los sabios, entre la gente correcta sobre cuál es el camino adecuado que se debe tomar, entonces uno debe seguir lo que la mayoría de esas personas piensan. De otra forma, debemos enfrentarnos a la mayoría para defender lo que es correcto.

Fuente: Project Genesis
ENLACE JUDIO
julio 18, 2017

El significado de tikún y su conexión con Shavuot

La palabra tikún, como en tikún haolam ‘arreglar el mundo’, y tikún leil Shavuot, la costumbre de permanecer despierto y estudiar Torá toda la noche de la primera noche del festival, tiene una curiosa historia.

En el hebreo de la Mishná, es decir, hasta el siglo III, tikún sólo significaba ‘orden social’, las reglas que hacían que una sociedad fuera un espacio seguro y predecible. Pero de acuerdo al misticismo judío, pasó a significar algo más metafísico: reparar las fracturas en el universo que hacen que la vida en esta tierra esté llena de sufrimiento e injusticia, y cuyo símbolo principal es la situación de exilio del pueblo judío.

De acuerdo a Rav Isaac Luria, el gran místico del siglo XVI, esto tuvo que ver con el hecho de que ocurrió algo malo en la creación misma. La luz divina del primer día de la creación probó ser demasiado intensa para los vehículos físicos que debían contenerla. Los utensilios se rompieron, dejando ruinas y fragmentos de luz desparramados por todos lados. El nuestro es, según los místicos, un ‘mundo roto’, y sus fracturas son tan profundas que afectan al Ser divino mismo.

El exilio no es sólo un fenómeno humano, sino que representa una lucha entre Dios y Él mismo; una lucha entre el Infinito, Ein Sof, el Ilimitado, y la Shejiná, la presencia Divina, la forma en que Dios se manifiesta entre nosotros. Cuando los judíos salieron al exilio, la Shejiná fue con ellos. Entonces debemos —por así decir—, con nuestros esfuerzos místicos, ayudar a curar las fracturas en lo Divino. Todo acto religioso, si es realizado con suficiente intensidad de mente y alma, hace algo para reunir al Santo, Bendito Sea, con su Presencia inmanente.

Sin embargo, la palabra tikún tiene una tercera acepción que no es para nada mística, pero que es muy poderosa en relación a la visión judía del mundo. Ocurren cosas malas entre las personas. Los inocentes salen lastimados. Hay envidia, celos, enojo, resentimiento. Hay injusticia, opresión, explotación. El mundo está lleno de lágrimas. Si crees, como lo hicieron los politeístas en el mundo antiguo y como lo hacen algunos ateos hoy, que la vida es esencialmente conflicto, una lucha darwiniana por la supervivencia, entonces no es extraño que el mundo esté lleno de dolor. Así es como es. No hay ‘derechos’, sino sólo ‘poder’. La justicia es lo que sea que sirva a los intereses de los más poderosos. La historia es escrita por los victoriosos. Las víctimas son meros daños colaterales en la lucha para imponer nuestra voluntad sobre el mundo o, en el lenguaje de los neo darwinianos, para transmitirle nuestros genes a la generación siguiente.

Así, sin embargo, no es como lo entendemos los judíos. La condición natural del mundo es la armonía, como un jardín bien ordenado, una familia llena de amor o una sociedad agraciada. Así es como era en el comienzo, cuando Dios hizo el universo y vio que era bueno. Sin embargo, Dios le dio a los seres humanos libertad, y los humanos a menudo utilizan esa libertad para desobedecerle. Dios crea orden. Nosotros creamos caos. Esa es —o sería— la tragedia humana, si los judíos creyéramos en tragedia. Pero no creemos. Creemos en la esperanza, y la esperanza tiene el poder suficiente para derrotar a la tragedia, ya que tenemos la capacidad para reparar lo que otros han dañado.

Esa es la filosofía que yace detrás del tan fundamental principio judío de teshuvá, que significa ‘arrepentimiento’ o ‘retorno’. A través de teshuvá podemos curar algo del dolor que otros han creado. Si bien el principio de teshuvá no aparece explícitamente en las historias de Génesis, está debajo de la superficie. Las relaciones problemáticas son reparadas. Ishmael, el hijo de Abraham con la esclava Hagar, fue expulsado cuando pequeño, pero lo vemos parado junto a su medio hermano Itzjak en la tumba de Abraham. Yaakov y Esav, divididos porque Yaakov tomó las bendiciones de Esav, se encuentran veintidós años después y se abrazan sin rastros de resentimiento. Yosef perdona a sus hermanos, quienes lo vendieron como esclavo. Génesis termina con una nota de reconciliación. Hay heridas que pueden curarse.

Ni el Tanaj, ni los rabinos, ni siquiera los místicos, llamaron a esto tikún, pero eso es lo que es: la capacidad puramente humana de reparar las relaciones dañadas y de restaurar el orden social en el mundo. Ahora bien, ¿y si pasa el momento? ¿Qué pasa si quienes hicieron el daño y quienes lo sufrieron ya no están con vida? ¿Podemos, en el presente, reparar algo que se rompió hace tiempo, incluso antes de nuestra época? Ese es uno de los subtextos del Libro de Rut (que se lee en Shavuot), y aplica a dos personas: a Rut misma, y a Boaz…

Rut, en su vida y a través de su ejemplo, realizó un tikún. Si bien no hay ningún elemento de teshuvá, el verbo shuv, que significa ‘retorno’, aparece trece veces en el libro. Algo ha sido sanado. Mediante su conducta y su carácter, ella mostró que no todos los moabitas carecían de bondad.

Ellos, también, venían de la misma familia, la de Téraj, como Abraham mismo. Rut redimió algo del pasado. Reuniendo dos ramas de la familia, separadas hacía tiempo, su bisnieto se convirtió en la persona que uniría posteriormente a la nación. Eso es tikún. Mediante nuestros actos en el presente podemos sanar algunas de las heridas del pasado.

Fuente: Aish Latino
julio 15, 2017

¿Deberían los judíos confiar en los cristianos? Esta es la respuesta que la Torah tiene para esta pregunta

"Y los extranjeros se pararán y apacentarán vuestras ovejas, y los extranjeros serán vuestros labradores y vuestros viñadores." Isaías 61: 5 (La Biblia de Israel ™)

La creciente oleada de apoyo cristiano a Israel tiene muchos judíos preguntándose si la ley de Torá le permite aceptar esta nueva amistad, dado el milenio de relaciones difíciles entre las dos religiones. Muchos rabinos creen que no sólo es permitido, sino que es un imperativo de la Toráh devolver esta amistad en especie.

Uno de esos rabinos es el rabino Eliezer Melamed, líder espiritual de la comunidad de Har Bracha y una autoridad internacionalmente respetada en la halajá (ley de la Torá). Rabi Melamed ha trabajado estrechamente con Hayovel, una organización que trae voluntarios cristianos para trabajar en los viñedos locales en cumplimiento de la profecía en Jeremías.

    Nuevamente plantarás viñas en los montes de Shomron; Los plantadores plantarán y tendrán el uso de los mismos. Jeremías 31: 4

No todos los judíos están de acuerdo con el rabino Melamed. Luke Hilton, Director de Marketing de Hayovel, dijo a Breaking Israel News que un "pequeño pero vocal grupo" de israelíes ha expresado su objeción a sus esfuerzos por ayudar a Israel. Las objeciones aparecen en los medios de comunicación social y en Internet en forma de blogs e incluso un sitio dirigido específicamente a Hayovel.

"Tratamos de aceptarlo con humildad", dijo Hilton. "Dada la historia entre nuestras dos religiones, es comprensible. Esperamos que de esta manera lleguen a ver que nuestra única intención es ayudar a Israel ".

De hecho, la cuestión de si es lícito conectar con los cristianos de esta manera es un tema complicado en la ley de la Torá. En su fallo oficial sobre el tema publicado en 2011, el rabino Melamed señaló la difícil historia y los obstáculos teológicos que obstaculizan la conexión entre judíos y cristianos.

¿Cómo debemos relacionarnos con los cristianos que de repente se han convertido en nuestros amigos? Durante casi dos mil años, persiguieron a la nación judía, asesinaron, saquearon, expulsaron, nos obligaron a convertirse al cristianismo, y de repente nos aman? ¿Podemos creerlos? ¿Y qué hacemos con lo que escribió el Rambam (Maimónides), que el cristianismo tiene el estatus de adoración de ídolos?

El rabino señaló que el factor decisivo fue la actitud de los cristianos hacia Israel. El rabino describió el amor de Israel como "la prueba decisiva en este mundo por la moralidad, la verdad y la fe".

El pecado más severo del cristianismo fue su negación de que Dios escogiera a Israel como Su Nación Elegida, y todas las profecías de Redención se hablaban de la nación judía. Pensaron reemplazar a Israel, y así nos causaron sufrimientos horrendos, tratando con todas sus fuerzas de convertir a los judíos al cristianismo.

Es precisamente por esta razón que el rabino Melamed dice que ahora es necesario aceptar la amistad que se ofrece.

Cuando se trata de los cristianos que creen que Dios escogió a Israel, y que todas las buenas profecías deben realizarse dentro de Israel, y no están trabajando para convertirnos, Dios nos prohíba, más bien, fortalecernos, entonces todas las cosas severas mencionadas Los cristianos no se aplican a ellos. Por el contrario, grandes correcciones están siendo hechas por ellos, son gentiles justos, y Dios los recompensará.

En su fallo, el Rabino Melamed citó al Rabino Abraham Isaac Kook, el primer rabino ashkenazi, cuya filosofía sigue siendo una influencia importante en la teología judía hoy. Rabi Kook escribió que los problemas con el cristianismo y el Islam no radican en sus creencias religiosas, sino en su "cancelación de la esperanza de la nación [judía] en relación con su completo avivamiento".

Rabí Melamed sugirió una conexión con cristianos pro-Israel a un nivel sin precedentes que bordea la hermandad, escribiendo: "Estos cristianos están más cerca de nosotros que los izquierdistas seculares y liberales de los países occidentales, tanto en su fe en la Biblia como en su ética".

En un fallo posterior, el rabino Melamed discutió las críticas dentro de la comunidad judía dirigidas a los rabinos involucrados en cultivar esta relación positiva con los cristianos. Gran parte de esta crítica se centró en el rabino Shlomo Riskin, el principal rabino de Efrat y fundador del Centro de Comprensión y Cooperación Judío-Cristiana (CJCUC). El rabino Melamed investigó el asunto y concluyó que las críticas al  rabino Riskin constituía una calumnia, un pecado grave en el judaísmo.

David Nekrutman, director del CJCUC, explicó que promover esta relación entre judíos y cristianos es un imperativo judío, citando a Isaías.

    Es algo demasiado ligero que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Yaakov, y para restaurar la descendencia de Yisrael; También te daré por luz de las naciones, para que mi salvación sea hasta el fin de la tierra. Isaías 49: 6

"Esto es lo que somos como pueblo judío", dijo Nekrutman a Breaking Israel News. "No podemos ser una luz para las naciones sin construir una asociación con las naciones. Tenemos este mandato de trabajar con otros, y si están dispuestos, tenemos la obligación de hacerlo ".

Nekrutman señaló que el cristianismo tenía un papel especial que desempeñar en este proceso profético.

"" Están tratando de expiar y superar la enseñanza de la Iglesia de Teología de Reemplazo durante casi 2000 años ", dijo Nekrutman. "Este no es un proceso fácil para ellos. Nosotros, el pueblo judío, tenemos que permitirles pasar por este camino y encontrar su vocación en el apoyo a Israel y al pueblo judío ".

"La renuencia a apoyar las relaciones judío-cristianas es comprensible debido a la historia pasada entre la Iglesia y el pueblo judío", admitió Nekrutman. "Pero la Torá nos obliga a hacer esto. "

Fuente: Breaking Israel News
Traducción para: Shalom Jerusalén
julio 15, 2017

Las 7 madres más conocidas de la Torá

La Torá y el judaísmo reconocen la gran labor que hace una madre al criar a sus hijos. Por eso hoy queremos recordar a las madres más destacadas de la Torá.

Eva (Javá)

Eva es la madre de toda la raza humana, según Rashi, Dios la creo más perfecta que el hombre porque la creó desde el interior. Su nombre significa “la que da vida”, se lo ofrece Adán justo después del pecado con la serpiente, precisamente porque en el momento de mayor oscuridad Eva logra dar vida a sus hijos. Adán es capaz de ver que sólo ella puede crear la vida, sólo ella es capaz de hacer nacer a otro ser humano.

Sara

Es la esposa de Abraham, es la representante de la Guevurá (fuerza) en la Cabalá. En el judaísmo la fuerza surge del límite; de exigirse diariamente disciplina y de mantenerse firme. Ella es capaz de criar a su Isaac en el camino del bien porque puede poner un alto a Ismael y Hagar cuando son mala influencia para su hijo. Es capaz de parir a los 90 años y soportar todo tipo de dificultades como ninguna otra mujer.

Rebeca (Rivká)

Ella es la madre de Jacobo y Esaú. Representa el conflicto y la dualidad entre el bien y el mal, cuando está embarazada sufre grandes dolores en su vientre y un ángel se le presenta y le revela el futuro de las dos naciones que nacerán de ella. Logra criar a Esaú y Jacobo, siempre manifestando la dualidad, siendo la madre de todos los judíos.

Raquel (Rajel)

Destacaba por su belleza tanto interior como exterior, es la mujer de la que se enamora profundamente Jacobo y por la cual trabaja 14 años. Es la madre de José y de Benjamín, ambos hijos heredan su dulzura y su humildad. Por eso de ella nace una línea importante de reyes, aquellos que descienden de José.

Lea

Destaca por su perseverancia, de ella nacen casi todos los hijos de Israel. Sufrió mucho para verlos nacer y se aflingió viendo como su hermana obtenía fácilmente el amor de los demás. Sin embargo, Lea fue fuerte y siempre justa, por eso de ella nace Judá, quien destacó toda su vida por ser un juez justo, capaz de reconocer sus errores.

Rut

Fue la primer mujer en convertirse al judaísmo, siguió en el camino aunque la negaron, siguió en el camino aunque era lejano. Gracias a su determinación de ella nacerá descendencia de David y de su línea el Mesías.

Yojebed

Es la madre de Miriam y de Moisés. La característica que más destaca de ella es la valentía, era partera y enfrentaba al faraón cada vez que tenía que atender un parto. Gracias a ella y su hija Miriam el pueblo judío no fue exterminado Egipto, ya que escondían a los bebés hombres y así evitaban que fueran lanzados al río.

Enlace Judio.
julio 13, 2017

¿Cómo se interpreta la Torá?

Nuestros sabios nos dicen que la Torá se puede interpretar de cuatro maneras generales: peshat, remez, drush y sod.

La Torá es la sabiduría de Dios. El intelecto, por su propia naturaleza, permite —y demanda, por supuesto— diferentes formas de entendimiento, en especial cuando se trata de abordar la infinita sabiduría del Dios infinito.

Nuestros sabios nos dicen que la Torá se puede interpretar de cuatro maneras generales: peshat, remez, drush y sod.

1) Peshat es la interpretación simple de la Torá. Cuando el versículo (Bereshit 1:1) dice que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, quiere decir exactamente lo que dice, en sentido literal.

2) Remez es el conjunto de pistas y alusiones contenidas en la Torá. Una de las metodologías que emplea la Torá para elaborar estas pistas es la gematría, el valor numérico que tienen las letras del alfabeto hebreo. Por ejemplo, la gematría de “Bereshit bará” (“En el principio creó”) es la misma que la de “b'Rosh Hashaná nivrá ha'olam” (¡“El mundo fue creado en Rosh Hashaná”!).

Tanto Bereshit bará como b'Rosh Hashaná nivrá ha'olam suman 1116.

3) El Drush (o Midrash) explica el significado más profundo del versículo. La palabra hebrea para “En el comienzo” es bereshit. El Midrash nos dice que esta palabra se puede separar en dos: b-reshit. La Torá nos dice que el mundo fue creado por dos (“b”) “reshit”s (“primeros”): los judíos y la Torá. Aunque esta no es la interpretación simple de la palabra, es una forma verdadera y válida de entender la Torá.

4) Sod (secreto) es la parte mística, esotérica de la Torá. El Tikunei Zohar —un libro que da setenta (!) explicaciones esotéricas diferentes para la palabra bereshit— explica que esta palabra también se puede separar en “bara shis”: “creado (con) seis”. Esto es porque el mundo fue creado gracias a los seis poderes emocionales de Dios: la bondad, la severidad, la belleza, la victoria, el esplendor y el fundamento.

Dentro de estos cuatro métodos para entender la Torá, existen innumerables caminos posibles de entendimiento. Por ejemplo: según el peshat, hay muchas maneras diferentes de entender la Torá. Es por eso que hay tantos comentaristas de la Torá que se centran en él—Rashi, Ibn Ezra, Rashbam y muchos más— y con frecuencia (pareciera que casi siempre…) están en desacuerdo en lo que respecta al significado literal de un versículo. De hecho, según las enseñanzas cabalísticas, ¡hay 600.000 maneras de entender el peshat, 600.000 maneras de entender el remez, 600.000 maneras de entender el drash y 600.000 maneras de entender el sod!

Toda perspectiva sobre la Torá es aceptable en la medida en que no contradiga ninguna de nuestras creencias fundamentales (y en la medida en que tenga sentido).

Nuestros sabios nos dicen que “cualquier jidush” (idea innovadora) que se le pueda ocurrir a un discípulo respetable ya le fue dada a Moshé en el Sinaí. “Moshé pudo no haber escuchado la idea específica que acaba de pensar un rabino miles de años después, pero los fundamentos de esta idea le fueron dados en el Sinaí”.

Dios nos dio las herramientas para hurgar en las palabras de la Torá y revelar la sabiduría divina que se esconde en su interior.

Cuando se trata de la halajá, sin embargo, hay una única verdad; porque mientras que la Torá es la sabiduría de Dios, que, como ya mencionamos, da lugar a diferentes opiniones, la halajá no es el intelecto, sino más bien la voluntad de Dios. Y la voluntad es absoluta, y no admite dos maneras de ver las cosas.

Fuente: Jabad
junio 26, 2017

Génesis: No es bueno que el hombre esté solo

 
En el segundo capítulo de Bereshit (Génesis) la Torá nos cuenta en más detalle la creación del hombre y de la mujer. Nos explica que el Creador inicialmente creó al hombre solo, sin la mujer, y luego, en una segunda etapa, creó a la mujer.

Hombre y mujer ¿Quién es superior?

Este orden en la Creación no establece ni sugiere un nivel de superioridad del hombre. En realidad se podría argumentar todo lo contrario.

1. En el relato de la Creación vemos una “evolución” desde lo menos sofisticado a lo más sofisticado. Primero HaShem crea la materia: átomos. Luego con los átomos crea la atmósfera y los continentes. Recién al final del Tercer Día de la Creación aparecen las primeras células con la creación de las plantas. Luego, en el Quinto Día, llegan los animales ovíparos: insectos, aves, peces, reptiles, anfibios. En el Sexto Día HaShem crea a los mamíferos, seres que son superiores a los ovíparos (sangre caliente, cerebro más complejo, producción de leche etc.). Al final del Sexto Día HaShem crea al hombre, un mamífero, pero con un elemento Divino superior: su inteligencia. Y la mujer aparece al final. Fue la última creación Divina. Y explicaron los Sabios que la mujer fue creada con biná yeterá, una inteligencia superior.

2. El hombre fue creado a partir de una fuente “inferior”, el polvo de la tierra, al igual que los mamíferos. La mujer, y solamente la mujer, fue creada a partir de un cuerpo vivo, una fuente “superior” al polvo de la tierra.

Special Delivery (Creada por pedido especial)

Hay otra lección muy importante que se aprende del orden en el cual la mujer fue creada. En Bereshit 2:18-20, el Creador le muestra al hombre los animales. Adam, el primer hombre, es invitado a designar el nombre de los animales y reconocerlos como una categoría diferente del ser. El famoso comentarista bíblico Radaq explica que este encuentro entre Adam y los animales le sirvió al hombre para reconocerse a sí mismo como un ser que, a diferencia de todos los demás, posee un elemento “divino” superior: su espíritu, su inteligencia. Además, si bien el elemento sexual todavía no aparece en este contexto, el “género”, lo masculino y lo femenino, también es reconocido por Adam en los animales al verlos en parejas. Y fue entonces o gracias a esto que Adam se dio cuenta que él estaba solo. La Torá afirma que el hombre no encontró entre los animales una “compañía” (עזר), o sea, alguien más, de un género diferente, pero (כנגדו) “en un nivel similar”, alguien en su mismo nivel mental, con la posibilidad de pensar y elegir. El encuentro con los animales le ayudó a Adam a comprender simultáneamente su singularidad y su soledad. Quizás ésta sea la razón por la cual HaShem no creó a la mujer al mismo tiempo que al hombre. Para que el hombre llegara a darse cuenta por sí mismo, gracias a su inteligencia Divina, que precisa de una compañía y que esa compañía (o compañera) todavía no existe. Y así, aún antes de que la mujer o la sexualidad existiesen, el hombre ya “deseaba” a la mujer.

La mujer no fue impuesta por Dios al hombre. Fue el hombre quien solicitó a HaShem que creara a la mujer. Los rabinos del Midrash expresaron esta profunda idea explicando que después de conocer a los animales Adam rezó (¡esta fue la primera plegaría!) y le pidió a HaShem una compañera a su nivel.


Fuente:halaja.org
febrero 28, 2017

El Propósito de la Riqueza

En la lectura de la Torá de esta semana leemos acerca del Mishkan, el Tabernáculo móvil, el Santuario que precedió al Santo Templo en Jerusalén. Una gran cantidad de oro, plata y piedras preciosas fueron para la construcción del Mishkan, sus utensilios y las vestimentas del Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote. Esta riqueza vino de los tesoros que los judíos sacaron de Egipto como reparación por las décadas de esclavitud. En verdad, Dios prometió a Abraham que tras la esclavitud de sus hijos, dejarían la tierra de su cautiverio "birejush gadol", con gran riqueza.

Sin embargo, las posesiones no son un fin en sí mismas. En realidad, una persona cuya vida evoluciona alrededor de ellas se convierte en esclavo de su propiedad. Podemos retornar a un Egipto de nuestra propia hechura.

En la lectura de la Torá de esta semana, sin embargo, todo el tema es destacado: Tomamos el oro y la plata que recuperamos de Egipto e hicimos de ellos un Mishkan —una morada para Dios.

Puesto que la Torá es eterna y personal, hay aquí un claro mensaje para cada uno de nosotros: Dios nos otorga posesiones físicas; nosotros las transformamos en recipientes para la presencia de Dios.

Cuando Dios nos da una casa la llenamos de estudio de Torá e invitados para Shabat y las festividades. Entonces los ladrillos y el revoque se convierten en un hogar para Dios.

Cuando Dios nos da riquezas, la usamos para caridad en todas sus formas. El esfuerzo que ponemos en nuestras profesiones se convierte en un esfuerzo para mantener a los pobres, el estudio de la Torá y la difusión de la Torá para aquellos que están sedientos de ella pero que aun no saben qué les falta. Nuestra actividad mundana en el mercado se convierte en un vehículo para la voluntad de Dios.

Cuando Dios nos da sabiduría y conocimientos, los usamos para enseñar Torá a nosotros mismos, a nuestras familias y a otros. Nuestra mente humana entonces se convierte en un lugar donde mora la mente de Dios.

Cuando Dios nos da carisma y don de gente, los usamos para inspirar a nuestros prójimos para que aumenten su adhesión a Dios, y organizamos una comunidad para hacer cosas buenas y santas. Entonces hemos hecho de la interacción de nuestra alma una cadena propulsada por lo Divino.

Como dijo el Maguid de Mezritch: "Dios nos dio material físico. Entonces tomamos lo físico y lo hacemos Divino".

Fuente: Jabad 
enero 05, 2017

No Estamos Solos


¿Cuántos judíos entraron a Egipto?

En el momento del Éxodo, había 600.000 hombres en edad militar (y, según todas las estimaciones, un total de varios millones de personas) en el incipiente pueblo. Pero el número que originalmente llegó a Egipto en los días de José era solamente, según la Torá, "setenta almas". Sin embargo, si uno examina el texto con detenimiento, los hijos de Jacob y sus respectivos hijos —incluyendo a José y sus hijos que ya estaban en Egipto —llegamos a un total de solamente sesenta y nueve. Los comentaristas ofrecen varias explicaciones. Algunos dicen que la Torá redondea hacia la decena más cercana. Otra explicación es que la persona número 70 era Iojeved, nacida mientras la familia de Jacob entraba a Egipto. Otros cuentan a Jacob mismo como número 70.

Para mí, el Midrash que más me llega es:

¿Qué hizo Dos? Él mismo se sumo a la cuenta, totalizando setenta, para cumplir la promesa hecha a Jacob (Génesis 46, 3-4), "no tengas miedo de bajar a Egipto, porque te estableceré como gran nación allí. Descenderé con ustedes a Egipto y te traeré nuevamente…"

¡Que inspirador! Dios está con nosotros en Egipto. En medio del sufrimiento, del dolor y la persecución, Él está con nosotros. En todas nuestras peregrinaciones y exilios, Él está allí. Como Él nos asegura en el Salmo 91, "Estoy con él en su aflicción". En toda nuestra angustia, en todas nuestras tzores, ¡Él esta allí con nosotros!

Fue esta convicción de que la Presencia Divina invisible pero tangible estaba con nosotros en el Galut y en los ghettos que sostuvo a nuestro pueblo a través de la historia. Ésta era la promesa que nos llenó de una fuente inagotable de fe, valor y fuerza para sobrevivir a nuestros enemigos y prosperar nuevamente.

Muchos se preguntan: ¿Dónde estaba Dios durante el Holocausto?" No podría ni siquiera intentar responder esta pregunta a un afligido sobreviviente que perdió su fe. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a estas santas almas atormentadas? Pero mi padre, y muchos como él, sobrevivieron con la fe intacta. ¿Cómo mantuvieron su creencia a pesar del sufrimiento? Una respuesta posible es: "¿Cómo sobreviví? ¿Cuántos milagros hicieron falta para sacarme de Polonia? ¿Y de los campos? ¿Y para escapar de Lituania, Rusia, Japón o Shangai? ¿Cómo puedo negar que la mano de Dios me libero del peligro una y otra vez? "

El milagro más grande de nuestra generación es que después de Auschwitz los judíos todavía quieran ser judíos. Que nuestro pueblo renació y reconstruyó sus familias, sus comunidades y su patria. Para muchos, la certeza de que una energía superior los guiaba a la supervivencia los sostuvo en los momentos más oscuros y les dio la confianza para reagruparse y regenerarse.

Pronto observaremos el ayuno del 10 de Tevet, conmemorando el sitio de Jerusalén por parte de los Babilonios. ¿Quién rió último? ¿Usted o algún nieto de Nebujadnezar, rey de Babilonia? Todo lo que quedó de aquel poderoso imperio son algunas estatuas. Todos nuestros enemigos, del tercer Reich, desaparecieron. Los judíos siguen aquí, haciendo lo mismo que hicieron durante los últimos 2.500 años.

La promesa de Dios a Jacob: "Iré con ustedes" nos permitió continuar. Y la conclusión del versículo nos asegura un final feliz. "Y te traeré nuevamente" —de Egipto y de nuestro exilio. Pronto en nuestros días.


Fuente: Jabad.es
diciembre 11, 2016

LOS 10 MANDAMIENTOS: La película vs. el Libro

En algunos casos, la película es mejor que el libro, y en otros casos, NO.  La famosa producción cinematográfica “Los 10 Mandamientos”, realizada en 1956, en blanco y negro, es una de las películas más famosas de todos los tiempos. Millones de personas, judíos y no-judíos, se han educado acerca de la salida de Egipto y la entrega de la Torá más por lo que han visto en esa película que por lo que han leído en el texto de la Torá.   Y la película contiene varios “errores” respecto al guión que marca “el Libro”, lo que ha contribuido a una confusión generalizada respecto a algunos detalles de los 10 Mandamientos, como veremos a continuación.
Para apreciar la ironía, comenzaremos por afirmar que en la tradición judía “Los 10 Mandamientos” no son ni “10” ni “Mandamientos” (aunque por razones puramente prácticas los voy a seguir llamando así).

NÚMERO
Según la tradición judía, los 10 Mandamientos contienen más de “10” preceptos (Mitsvot). Para Maimónides, por ejemplo, el segundo mandamiento incluye cuatro preceptos: 1. La prohibición  de creer en cualquier dios o ente mitológico al que se le atribuya un poder divino.  2. La prohibición de hacer ídolos. 3 La prohibición de postrarse ante ídolos  4. La prohibición de adorar o servir ídolos o falsos dioses.  También  el décimo mandamiento se lo divide en dos mandamientos:  1. La prohibición de planificar tomar de forma ilegal o por la fuerza lo que le pertenece al prójimo (así entienden la Torá shebealpé el precepto “lo tajmod”). 2. No envidiar las posesiones del prójimo (“lo tit-ave”). En otras palabras, los Diez Mandamientos contienen en realidad más de 10 preceptos o Mitsvot.

NOMBRE
La Torá nunca llamó a los 10 Mandamientos “mandamientos” (eso se llamaría en hebreo ‘eser Mitsvot o algo así). La Torá llamó a los 10 Mandamientos ‘aseret hadebarim,”los diez enunciados”, o en hebreo rabínico ‘aseret hadibberot, “las diez declaraciones”. Originalmente, en español se conoce a los 10 Mandamientos como el “decálogo”. “Decálogo” es una traducción muchas más fiel y más precisa que “Los 10 Mandamientos”.  La palabra “decálogo” se forma de partir de dos palabras griegas, “deca”, diez, y “logoi”, palabras ” que es la traducción virtualmente literal de “aseret hadebarim”.

LAS TABLAS
Muchos imaginan que las dos tablas que contienen los 10 Mandamientos eran arqueadas, ya que así es como entre muchos otros Gustave Doré, el más famoso ilustrador de Biblias (no-judío), o incluso Marc Chagall, el más famoso pintor judío contemporáneo, dibujaron las Tablas de la Ley. Pero en realidad, no hay ninguna fuente judía que justifique esta imagen popular. Según el Talmud en Baba Batra 14a las tablas de la Ley eran cuadradas. Cada una de ellas medía 6 tefajim [= palmos]. Cada tefaj es aproximadamente 8 cm] de alto por 6 de ancho y estaban separadas una de otra. El famoso artista Miguel Angel Buonarroti (1475-1564)  (que, siguiendo la tendenciosa traducción de la Vulgata esculpió a su Moisés con “cuernos” surgiendo de su cabeza, cuando en realidad la Torá dice que del rostro de Moshé surgía un “halo” de luz כי קרן עור פני משה) interpretó correctamente la tradición talmúdica y esculpió las tablas de la ley cuadradas y separadas.

MISCELÁNEAS
Por supuesto que las tablas de la ley fueron escritas en hebreo. Pero los Sabios discuten qué tipo de “fonts” (caracteres) fueron utilizados: si los antiguos “fonts” hebreo (כתב עברי) o asirios (כתב אשורי).

No sabemos con seguridad si cada tabla contenía exactamente  5 “mandamientos” como aparece virtualmente en todos los dibujos y esculturas. Ya que el texto de los 5 primeros mandamientos es mucho más largo que el de los últimos 5 Mandamientos (aproximadamente 4/5). Tendría también sentido suponer que  fueron escritos de otra manera: la mitad del texto en una tabla y la mitad en la otra.

De los 10 mandamientos, 7 están formulados como prohibiciones (No matarás. No codiciarás. etc. ) y 3 están formulados como mandamientos positivos (creer en HaShem, recordar el Shabbat, y honrar a los padres).

Uno de los temas que aparece fuera de discusión (aunque también demanda un par de aclaraciones) es que los primeros 5 mandamientos se refieren a nuestra relación con Dios, mientras que los últimos 5 mandamientos, se refieren a nuestra relación con el prójimo.

Fuente: http://halaja.org